Reestreno
Mañana comprobaré si es cierto eso de que lo que bien se aprende jamás se olvida. Si tengo suerte, será cierto, si no, algo se me ocurrirá.
Todo se puede resolver con buenavibra. No necesito más.
La tecnología lo vuelve a uno un atenido, cabe decir. Ya no recordaba lo que era no disponer del power point y el dvd y otras monerías. En fin, ya les contaré cómo me las arreglo. Deséenme suerte.
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Orgullosamente
Por amor uno aguanta lo que sea. Lo que no le toleraría a nadie -como un examen con preguntas como “¿Cuál fue la primera obra de Sor Juana y dónde se publicó?”-, en ti lo entiendo y lo justifico. Mereces lo mejor, mereces ponerme a prueba. Realmente deseo estar a la altura.
Ya veremos.
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¿El cielo es siempre el cielo?
Ando rondando por un lugar que no habìa conocido. Creo que le llaman el mundo real. Aquì las listas son de papel, se pueden sacar copias y no hay profes/administrativos. Los adolescentes estàn muy ocupados siendo adolescentes y el resto de las cosas no les angustia demasiado: no se sienten parte de una vida superior, sino que para ellos la vida es nomàs la vida. En una pared hay recortes que ellos han puesto, donde se critica al sistema, al presidente, al exceso de poder de los gringos…
Los pasillos son modestos, en los salones la tecnologìa se limita al pizarròn, nadie se disfraza de ejecutivo para ir a trabajar a una escuela, la gente puede o no estar en donde tendrìa que estar y nadie persigue a nadie.
Claro que aquì no se ven los coches del año, la ropa de marca, las compus màs nuevas… Pero se ve la gente: la gente habla entre sì y no con un monitor. Un mundo raro este, el de la realidad concreta, no virtual. Tal vez no sea un lugar tan bonito, pero siento que puedo respirar.
¿Serà èste mi segundo hogar? Pronto lo sabremos.
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Clandestina, ilegal
Estoy buscando un libro difícil de conseguir, para regalárselo a alguien. Resulta que la única librería que lo tiene en existencia es Porrúa. Se me ocurre ir a buscarlo a la sucursal que mejor conozco: la del Tec.
Aunque es sábado entré casi a escondidas (no fuera a ser). Una vez en la librería sentí una nostalgia alegre: vi a los chicos que trabajan allí, con quienes yo platicaba todos los días en el par de horas libres que usaba para leer, calificar y tomar un capuccino. Recordé asesorías, o los días de locura en los que mis alumnos llenaban el localito, buscando desesperadamente el libro cuya lectura les podía costar o salvar la vida. Qué tiempos, qué costumbres.
Uno de los encargados me saludó. Yo siempre le estaba recomendando libros, para que los leyera mientras estaba ahí. Él me hacía caso y luego los comentábamos. Me dijo que le hacía falta quién le dijera qué leer. Sniff. Al final me dijo que a ver si volvía a ir un día de estos y yo pienso que sí, que por qué no.
Salí del Tec otra vez a escondidas, disfrutando la travesura. Me gusta tener cinco años, aunque ya tenga 26.
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Un lector
Uno siempre dice escribir para uno mismo, pero rara vez es así. Cuando yo empecé este blog escribía para mis compañeros de condena en un call center de la zona rosa. Alguna vez alguien ajeno me puso un comentario y hasta entonces me di cuenta de que más gente me leía, que muchos de ellos eran conocidos, pero muchos eran desconocidos, y que yo no tenía control sobre ello.
Ayer hablaba con el Muñe de la popularidad de un blog y de los factores que podían influir en ella. Este no es un blog famoso, pero lo que sí tiene es lectores leales. Pienso en uno de ellos en particular.
Freddy me lee desde hace tiempo. Una vez me dijo que todas las mañanas entraba a mi blog y leía lo que yo hubiera escrito mientras tomaba su café. Yo respeto los rituales, así que desde entonces cada vez que publico un post pienso en Freddy, a quien no conozco, que vive en Estados Unidos y que de vez en cuando encuentra aquí algo que le conmueve. Cuando llega la medianoche y no he publicado pienso en Freddy y su café, y siento que le he fallado un poco. Es técnicamente el único cuyos comentarios respondo y es una especie de parámetro para lo que publico. Todo sólo porque me lee.
Mentiría si dijera que cuando comencé a bloguear esperaba que alguien me leyera. El hecho de que haya gente que lo haga me sigue maravillando. Para quien escribe por escribir, tener un solo lector es un premio inesperado y yo, sin duda, tuve más suerte de la que imaginé.
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Misceláneo
1)
La lluvia de la ciudad huele a polvo mojado, huele a asfalto y a paredes húmedas. Huele a que aquí ya no cabemos. En Cuba la lluvia huele un poco a libro viejo, a carburante frío y, claro, a mar. En Australia olía a aire, a hierba y a tierra mojada. Los días de lluvia para mí huelen a tomar café con alguien, a reírme de tanto frío, a fugarme de la escuela para ver a mis amigos, a caminar por las calles largas del centro y luego entrar al metro calientito. La lluvia huele a felicidad cuando la vivimos acompañados, o cuando nos recuerda la buena compañía.
2)
Anoche soñé que iba con Ren a Londres. Estábamos tomando fotos de una estatuas y él me explicaba que el edificio era una Universidad. Entonces yo entraba a ver y me enteraba de que había becas para doctorados imaginarios, y encontraba una fila de aplicantes. Cuando me acercaba veía que ¡eran mis malvadas hermanastras, todas ellas! Yo me formaba también y llenaba una solicitud. Le preguntaba a una de ellas (una de las que no me hizo nada, pero que tampoco me saludaba durante los meses en que fui la “maestra incómoda”) que si realmente pensaba irse a Londres. Ella me decía que no lo sabía realmente, pero que ya estaban ahí. Cuando yo regresaba a casa, en México, alguien había robado mis disco de los bitles. Desperté gritando, como en las películas.
3)
Hoy vi a mi hada madrina. Me llevó a pedir un deseo a la fuente de los deseos. Yo ya había ido antes, y yo lancé mi monedita, pero como no ha pasado nada me llevó con un duende mágico para que él me ayudara. El duende estuvo hablando conmigo un rato, y durante ese tiempo sentí que sabía muchas cosas. Luego me llevó a la fuente y dijo unas palabras frente a ella, entonces me dio una moneda y la volví a arrojar. Veremos qué pasa esta vez.
4)
Lo malo no es que tengas una estrategia, lo malo es que te funciona. (Sí, tú, no te hagas. Últimamente cuando digo “tú”, casi siempre hablo de ti, aunque hable sola.)
5)
Hoy caminaba por la calle cuando un señor me empezó a hacer la plática:
- Qué clima tan horrible, ¿verdad?
Y yo: ei.
- Seguro es culpa del gobierno.
Y yo: ei, con López Obrador estas cosas no pasarían.
Los dos nos reímos. Buena onda el señor. Hay gente que en toda su vida no logra compartir una ironía, y nosotros lo logramos en medio minuto. Así que hoy viví una de las amistades más cortas y perfectas de mi vida.
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No quiero trabajar. No quiero amar. ¿Cuál es el término para eso?
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En el día de la marmota y de la candelaria no alcanzamos tamales, ni siquiera medio atole pero si se pudo realizar el programa conteniendo notas como las siguientes.
- Sube tasa de embarazos adolescentes en Estados Unidos
- Un joven sufrió de hipo durante casi tres años
- El santo patrono de los internautas
- Un hombre vende a su hija de 14 años por dinero y cerveza en California
- Red social para presumir si tuviste sexo
- Los austrialianos prohiben pornografia con chicas de senos pequeños
- Padre e hija se encuntran en facebook despues de 50 años
- Mujer llevaba como joya un escarabajo vivo con incrustaciones de oro
- Se salva gracias a su muñeca inflable
- 9 inventos que señalan a Leonardo Da Vinci como un super villano
- Por que no debes actulizar facebook si escapas de la carcel
- El siberiano mas suertudo de la historia
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Nos escuchamos el próximo Martes a las 20 hrs. por: http://radio.fabricademitos.com
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Amor amargo
Bocas de ira.
Ojos de acecho.
Perros aullando.
Perros y perros.
Todo baldío.
Todo reseco.
Cuerpos y campos,
cuerpos y cuerpos.¡Qué mal camino,
qué ceniciento
corazón tuyo,
fértil y tierno!
(Miguel Hernández)
No me gusta ir al súper porque regreso llorando a mi casa. Los empacadores son, indefectiblemente, personas de edad avanzada. Me tardo eligiendo una caja donde esté alguien que no se vea tan mayor, pero de cualquier forma es terrible. Ustedes dirán que todo está bien, porque al menos les dan trabajo. Yo soy más conservadora para esas cosas, y no puedo evitar el impulso de ayudarles, de hacerlo yo. Son nuestros mayores y parece que eso ya no significara nada, pero lo peor no es eso. ¿Qué clase de país es este, si ya nadie tiene asegurado un retiro digno? Mis padres son hijos de obreros y sus viudas subsistieron sin mayor problema, vivieron en casas propias que no pagaron durante treinta años. Mi padre murió casi al mismo tiempo que lo que quedaba en su Afore, y mi madre no tiene nada que le garantice, ya no digamos un futuro, sino un presente.
Mientras, la tele nos escupe basura, nos dice mentiras, nos distrae: a quién le importa que en México haya una ejecución por minuto, que haya matanzas de adolescentes. Lo importante es que hay un futbolista herido por -adivinen quién- otro narcotraficante.
Yo no tengo seguro social ni fondo de ahorro para el retiro ni para la vivienda. Si quisiera comprar una casa sería de interés social y tendría que pagarla durante años y años. Otros monopolizan los recursos, hacen trampas, evaden impuestos… ¿Qué país es éste?
¿Qué país es éste?
Uno que amo, pero del que me quiero ir.
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Malentendidos románticos
Amor, lo que se dice amor, es lo que siento por mi gato. Lo demás son simples malentendidos románticos.
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(No pensaba publicar este texto, pero hoy me dieron ganas.)
Vive y deja morir
“Cuando eras joven y tu corazón era un libro abierto,
Solías decir: vive y deja vivir.
Pero si este mundo siempre cambiante en que vivimos
Te hace ceder y llorar, di: vive y deja morir”.
(Paul McCartney, “Live and let die”)
Todavía tengo el boleto para la función de la Cineteca: proyectaban Get Back y fuimos, como bitlémanos irredentos, como melómanos confesos, como dos buenos amigos. Fue gracioso tener veintitantos años y compartir de repente una infancia en la que no nos acompañamos: ambos llegamos a la música del cuarteto a través de nuestros padres y, como muchos fanáticos de nuestra generación, lamentábamos no haber sido parte de la euforia misma. Aún nos preguntábamos el porqué de su desintegración (uno de los grandes misterios del siglo pasado) y especulábamos acerca de lo que los hacía trascender tiempo y espacio. “Son mágicos”, aventuré yo. Tú estuviste de acuerdo. Suspiramos.
Ahora suspiro a solas pensando en eso y en todo. Sonrío a veces también, al hallar todos los componentes de Koyote en mi memoria. Uno de ellos es aquella tarde de cine, seguido de una caminata al metro y de alguna escala para comer en un cafecito aledaño. Koyote era salado y yo dulce, pero daba lo mismo lo que hubiera en la mesa siempre que se pudiera conversar. Ambos hablábamos con pasión, nuestras opiniones eran siempre intensas. Recuerdo pláticas interminables en las que circulaban todo tipo de temas: política, música, cine, religión… Hablando de México en general, él elaboraba originales interpretaciones siempre aventuradas. Koyote nació periodista: comunicador natural, editorialista lírico, fotógrafo aficionado, ilustrador psicotrópico, locutor ingenioso y cibernauta incansable. Dormir es una pérdida de tiempo -nos dijo a todos. En las ocasiones en las que nos hemos reunido desde que se fue es una de las frases que más hemos recordado.
Claro, todos preferimos recordar al amigo. Yo lo pienso como ese transeúnte apasionado, completamente hipnotizado por la naturaleza multiforme de esta ciudad a la que yo llegaba y que él parecía compartirme. Me hablaba de los barrios, de sus diversiones, de sus andanzas solo o con la pandilla, de su azotea -“un rincón cerca del cielo en el ombligo de la luna”-. Juntos fuimos a ver el alumbrado conmemorativo de septiembre; con él, el metro era más que un túnel y la ciudad mucho más de lo que mis ojos habían visto otras veces. Luego, su universo particular: tan fanático de la torre Latinoamericana como de su propia casa, tan preocupado por los compatriotas como por su propia familia, me compartía a mí y a todos los objetos de su amor: “vamos al Faro a un toquín y luego a una peda con la pandilla”, “a ver si el viernes vienes a mi casa a jugar lotería con mis papás”. Koyote enmarañado, mañoso y desmañado, me interpretó el mundo a través de la deconstrucción y me mostró que todo lo complejo es puramente simple. Buenavibra. Nada más.
Por eso creo que cuando recibí la noticia de su muerte lloraba por mí y por todos: pensaba en esa pandilla que había perdido dos latidos al mismo tiempo, pensaba en un niño escribiéndole a su Don Padrino en el Jaifai, pensaba en las enamoradas pasadas, presentes y hasta en las futuras, las que lo iban a amar seguramente, si hubieran tenido tiempo. Pensé, obviamente, en sus padres, y en los viernes de lotería que ya no iban a ser, y en los ciber-radioescuchas que habían perdido de pronto a su acompañante virtual. Lloré por mí y por ellos, por lo que perdimos cuando perdimos a Koyote Lagañas.
Sé que una grieta se hizo en el tiempo en el momento en que se fue. De pronto me vi obligada a adaptarme a un mundo ilógico sin él. Como sucede en estos casos, estuve rodeada de personas que lo conocían, pero también de otras que no. Entonces me escucho contarles historias, o escuchar a otros hablar de él, cuando en una reunión coincidimos algunos de sus amigos con personas para quienes fue un desconocido. Al principio era difícil entrar en esa habitación de la memoria. Pero eso comenzó a cambiar; y es que hablar de él es inevitable ahora, como lo era ya antes de que él muriera; yo, al menos, recuerdo haber referido sus aventuras a mis propios amigos y decirles, con una gran sonrisa: “ay, ese Koyo, deberías conocerlo…”
Lo que duele es que la posibilidad de compartirlo se ha reducido a recordarlo, relatarlo y reír de un chiste medianamente entendido por los que no estuvieron ahí. A pesar de amarlo tanto somos incapaces de pintarlo como era; ¿cómo describir su risa, cómo transmitir su desenfado? ¿Con qué palabras decir tanto talento, tanta creatividad? Koyote era un personaje que nos rebasa como narradores.
Aun así, quienes nos escuchan hablar de él lo sienten cercano. A mí me gusta pensar que muchos de ellos tienen la secreta tristeza que compartimos Koyote y yo aquella tarde de domingo, después de recordar que no nacimos en los sesentas, que los Bitles nos tocaron de lejos en tiempo y espacio. Entonces dentro de mí brilla como un amuleto el sonido de su voz y el de su risa, tan precisos en mi memoria, tan vagos para otra gente; dentro de mí se enciende una tibieza que recuerda sus abrazos, sus llamadas de madrugada, sus mensajes sin más palabras que “te quiero mucho”. Cuando pienso que Koyote ya no está a veces lloro un poco por mí, pero más por ellos: por los que no lo conocieron. Aunque los Bitles se separaron, a algunos afortunados les queda la gloria de haber sido parte de la “manía” original; a los posteriores nos queda una herencia valiosa, pero desteñida. Del mismo modo, saber que Koyote se fue es menos doloroso cuando recuerdo que fue parte de mi vida, que yo estuve un rato en la suya, que a mí siempre me quedarán dos de los treinta años que vivió y que no todo el mundo corrió con esa suerte.
En aquella sala oscura, durante la proyección, Koyote y yo coincidimos en algo: la mejor canción de Paul en solitario es “Vive y deja morir” (Koyote, como los locutores de la memorable Universal Stereo, traducía los títulos de las canciones extranjeras, al menos las clásicas). Yo le dije que a mí me traía un recuerdo de la infancia: el último domingo de enero de cada año, esa rola era una especie de soundtrack obligado en las transmisiones del Súper Tazón. Él sonrió, dijo que no lo recordaba y ambos volvimos la vista a la pantalla. Esa canción ha cambiado para mí: será desde ahora la banda sonora de aquel instante perfecto en el que Koyote sonrió y dijo que no lo recordaba, y de todos los instantes imperfectos que se perfeccionan cuando pienso en su sonrisa. Esto me hace sentir inesperadamente vieja, pero resulta que así son a veces las cosas. Quién iba a decir, Koyote, que parte de mi vida sería tener que dejarte morir.
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Lección de duelo
El año pasado, mientras yo estaba en Australia, murió el Sr. Eduardo, esposo de la señora María Elena, a quienes yo les alquilaba una recámara en otros tiempos.
Cuando me enteré de la noticia me imaginé que la señora estaría muy triste: todo su día estaba sincronizado con el del marido y me imagino que lo había estado desde cincuenta años atrás, que era lo que llevaban de casados.
El otro día me la encontré en el Metrobús. Estaba igualita.
Me contó que venía de sus clases de tejido y de inglés, que no quería irse a vivir con su hija porque no tenía amigos en Cuernavaca, que ahora salía más a la calle porque si se quedaba en su casa se iba a hacer viejita más pronto. Me quiso invitar un café pero yo tenía prisa, así que me pidió que la visitara pronto.
Seguí mi camino pensando en lo mucho que se puede aprender de ciertas personas, y en lo tarde que me había dado cuenta de eso. Vivir y dejar morir no es cosa sencilla. Quién iba a decir que se trata sólo de seguir viviendo.
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Riñón de pollo (2)
Quisiera decir que no es cierto, pero extraño a mis alumnos. Sueño con ellos, que me comparten agua de limón y que me enseñan los libros que están leyendo. Que me muestran fotos de cuando eran niños y parecen apenas de ayer.
Y es que yo debería saber que uno no se puede andar encariñando así como así con toda la gente que le rodea. Pero qué va, soy un caso perdido.
Me duele mi riñón. Ya no los hacen como antes.
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Quietud
La abuelita de Rebencia, según ella me lo ha referido, suele decirle que cuando no sepa qué hacer no haga nada. Hoy el Austin me dijo que el desempleo produce desorden como efecto colateral. Éste es uno de esos momentos en los que la quietud es una buena manera de estar.
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¡Ya el ultimo del primer mes del año ya nada nuevo!, lamentablemente la niña fonema no pudo acompañarnos pero recibimos la visita de Diana Romero y del Buen Alejandro Malandro del Xicury Dub, los cuales ayudaron a Rene venturoso por que este tenia la garganta destrozada a hablar de temas tan dispares como:
- Hitler fue nominado al premio nobel de la paz en 1939
- Por exceso de licor, diez personas han bloqueado equipo de alcoholímetros
- Cineasta sepultado en Haiti sobrevive gracias a una aplicación del iPhone
- Bisnietas revolucionarias festejan el bicentenario posando desnudas
- Manchester United prohibió a sus jugadores el uso de redes sociales
- Diez avemarías por haber sido violada en el confesionario
- Australianos prefieren lectura al sexo
- Mato a su novio sentándose en el
- Una mujer cae accidentalmente y rasga un picasso del Metropolitan de Nueva York
- Científicos reviviran especie de tortuga extinta hace 30 años
- Servicio de calentadores de camas
- Cinco periodistas se encerrarán sólo con acceso a Twitter y Facebook
- El Papa Benedicto XVI les pide a sus sacerdotes que blogueen
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