…sin razón ni despedida…

Agosto 31, 2008 at 3:42 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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…como el mar es esta vida y como un barco el corazón…

Pese a que sé lo que se siente estar del otro lado, siempre he admirado la capacidad que tuvo D para dejarme todas esas veces sin siquiera dar una explicación. Desaparecía. De pronto no se le podía encontrar en ningún lado, nadie lo había visto, su celular daba tonos y tonos, tampoco estaba en su casa y, en fin, daba la impresión de haberse desmaterializado. La primera vez que lo hizo caí en la más terrible angustia, en una desesperación que no me dejaba ni un segundo. Creí que algo le había sucedido… Nada, lo único que pasó fue que lo acompañé en su proceso de curación para liberarse de su mitomanía y un buen día desapareció. Un mes y medio después lo encontré en la cafetería de la logia, me saludó como si nada (“luego nos vemos”), mientras salía con su nueva novia. Díganme si eso no es habilidad.
D regresó a mi vida muchas veces. Muchas veces me dijo que me amaba, que era la única mujer a la que había amado. Todavía me lo dice cada vez que me llama, cada vez que me encuentra en el messenger. Engañó a un par de sus novias conmigo. Pero D siempre termina yéndose a alguna parte, porque tiene muy claras las cosas: no me ama, pero siempre soy un lugar cómodo para llegar; no soy la única mujer que ha amado, pero quizá sí la única que lo conoció completamente enfermo y tuvo la paciencia para ver a través de eso. D nunca va a olvidar que yo lo amé cuando era la peor versión de él mismo.
Aunque lo que hizo fue ruin en más de un sentido, a mí me parecía sorprendente su determinación: él debió de saber que yo estaba sufriendo pero no le importaba, él debió de saber que yo lo necesitaba, pero él ya no me necesitaba a mí. El día que me volvió a ver, ni siquiera consideró necesario darme una explicación. La gente que sólo puede pensar en sí misma genera en mí una combinación extraña entre desprecio y admiración.
Confieso que hoy quisiera desaparecer. Me siento fuera de lugar desde hace tiempo y quizá eso sea una señal de que es necesario cambiar de escenario. Pero, ¿a quién quiero engañar? Estaré relatando otra historia de “se fue sin dejar rastro” antes de que me haya movido siquiera un poco. A veces mi cobardía me cae tan, pero tan mal…
Update lacrimógeno: siempre sí me fui…

Piel y huesos

Agosto 29, 2008 at 8:23 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Yo creo mucho en el cuerpo. Estoy de acuerdo con ese planteamiento de la DMT que dice que sólo la piel lo sabe todo y no lo olvida. Y, curiosamente, apenas anoche decía que cuando uno no puede contra algo, lo mejor es quedarse quiero y aceptar.
Hoy en la mañana sonó el despertador. Abrí los ojos; desde mi escritorio me miraban muchos pendientes, el fichero de mi tesis, libros y papeles que otros me han dado a revisar y que, por cualquier cosa, he ido relegando. Nunca veo mi escritorio al despertar, pero hoy lo hice sin saber por qué. Junto están mis pilas de discos: mi vista se fijó en los colores de las cajas, y en lo que yo sabía que había dentro de ellos, y me di cuenta de que hace tiempo no me siento a escuchar un disco completo, a vivirlo como experiencia. ¿Qué más da?, me dije, y puse los dos pies sobre el piso. Me levanté y se me nubló la vista, sólo alcancé a ver la luz de la calle a través de la cortina y después caí. Perdí el equilibrio. Me di cuenta de que tenía fiebre: la sensación de la temperatura alta es inconfundible, porque no sólo es piel, sino huesos adoloridos, débiles, como si fueran a romperse por el frío.
Hacía mucho que no me caía y recordé, mientras estaba en el piso, lo impresionante que ello me ha parecido siempre. Supongo que es una pérdida inexplicable de control, por eso me impacta. Pasé varios minutos ahí, tirada, sin ánimo de levantarme, y entendí que mi cuerpo había tomado las decisiones por mí: durante la semana había ido a trabajar enferma y consciente de estarlo, y había minimizado los síntomas, y me había puesto la muñequera para no verme la mano (quizá me duela igual, pero si no la veo no tengo que pensar en eso).
Sabía que no iba a poder salir. Y no pude. Me senté en la cama con la sensación de la fiebre. Me concentraba en la comodidad, pero tenía miedo. Me daba miedo dormir, así que decidí ver una película y concentrarme sólo en eso, sin pensar si era buena o mala, si la fotografía, si el guión… En un momento vi el reloj y me sentí mal porque en la lista de espera seguía Altair y porque Carlos todavía no tenía claras las cosas y porque tenía que ayudarle a Alejandro a conectar e integrar las ideas. Sentí de pronto un fuerte dolor de cabeza y pensé que mi mamá me diría “no te castigues por estar enferma”. Así que regresé a la película, y me resigné a dejar eso para cuando pudiera hacerlo. Ahora no puedo; ahora no es.
Cuando el frío y el temblor cedieron me levanté a preparar un té. Pensé llamar a alguien para advertirle que tomara algo antes de enfermarse, pues yo era efectivamente un foco de infección. Tampoco era el momento, y dejé pasar eso también. Bebí mi té, concentrándome en que me haría sudar lo que estuviera de sobra en mi organismo. El té me limpiaría y me acercaría más a la vida. ¿Quién se quería bajar del mundo? No me queda duda: Dios me pone atención.
Inevitablemente comencé a pensar en la noche anterior: mi mamá canceló el trámite de la herencia. Ya no quiere saber nada; por mí está bien, mientras lo sostenga y no se le ocurra más tarde que siempre sí. Yo tampoco quiero nada, nunca lo quise: sólo quiero mis dos manos y mi cabeza, para trabajar. Otro sorbo de té.
El tibio vapor me devolvía las sensaciones. Recordé aquel cuento de Arreola donde se habla de lo atroces que son el desprecio y la conmiseración que brillan en una mirada. Lo comprendí por oposición, y me sentí afortunada.
Es inevitable querer y, una vez que uno quiere, lo demuestra aún a pesar suyo. Salía el sol y decidí trabajar en algo; todavía no hacía los fotogramas y me dispuse a llenarlos, de forma casi ritual. Recordé que el año pasado me conmovieron mucho, pues mis alumnos tenían aún caritas infantiles con la actitud de quien quiere ser mayor. Esta vez dejé pasar un mes para conocerlos y, en vez de aprenderme sus rostros a través de las fotos, relacionarlos de memoria con los nombres. Fue un lindo rato, sonreí viendo la carita linda del niño al que siempre tengo que regañar, del que me pregunta si de verdad se parece a Winnie Pooh, del que siempre participa en clase y del que nunca dice nada, pero sé que está escuchando. Por ratos quería tenerlos delante para decirles lo lindos que son, pero qué va, el lunes volveré a ser la maestra y ellos los alumnos y no nos abrazaremos sino hasta diciembre, cuando haya que decir adiós. Un mes apenas y los relaciono a todos con un momento, con una frase, con algo que pensé cuando me dijeron tal o cual cosa, o con algo que noté cuando se quedaron callados… Es cansado ser maestra, socialmente es mal visto, hace uno mil entripados y nunca sobrará el dinero… pero cuánto se aprende en el camino, y cuánto se vive… Son unas cosas por otras, supongo.
Todo el día lo he dedicado a organizar, a ordenar, a resolver pendientes pequeños. He escuchado música y he sonreído con algunas texturas (no me había dado cuenta de que una rola guineana tenía tanta similitud con la música de Hawaii). Poco a poco recobro la calma.
Y ahora estoy sentada en la cama, escribiendo este día, porque lejos de ser un inconveniente fue un regalo. Vale la pena decir este tipo de pequeñas cosas. Aún tengo esa especie de mareo posterior a la fiebre, pero es un buen pretexto para saborear una caldosa. Siento todavía dolor de huesos, pero me sirve para evocar sensaciones distintas y recientes, para comparar su intensidad. Y ese perfume me persigue en la memoria. Estoy viviendo un malestar detallado y creativo; les juro que, en este preciso momento, no me cambio por nadie en el mundo.

Otra vez

Agosto 28, 2008 at 1:41 am | In Uncategorized | Leave a Comment
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Sucede con frecuencia: la vida se desordena sin motivo aparente y uno se ve de pronto envuelto en las cosas que ya estaban superadas. A mí me pasó hoy, otra vez.

En la mañana, durante la hora que tengo libre y uso para desayunar, pensaba que quizá todo ha dejado de valer la pena. ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Cuál era el objetivo? Por primera vez, desde que vivo sola, pensé en regresarme a casa de mi mamá, a las pláticas tontas con mis amigos, a las salidas por la tarde a caminar, a comer fruta sentada en la puerta, con la luz del sol en los pies. He sentido ganas de eso muchas veces, pero hoy lo pensé en serio. Y es que me siento nerviosa, me está dando gripa, no dormí bien, estoy cansada, tengo un escritorio desordenado, no encuentro m Ipod y estar sin música me pone de mal humor, mamá llama y dice que se ahoga en su casa, que el trámite de la herencia está lleno de truculencias inesperadas -pero esperables-, que hay unos drogadictos viviendo en la casa que era de mis abuelos, que se ahoga, dice, que María José está dando lata, que ella se ahoga, que tiene que hacer un trámite, que si no le he conseguido el acta de nacimiento, que no ha sabid nada de la herencia, pero que hay que hacer tal o cual cosa, y yo sé que eso significa dinero, sé que tengo que dar más dinero pero hoy me di cuenta de que ya no sé ni cuánto gano y quisiera no tener que pensarlo, yo no le pido nada a nadie, por qué todo el tiempo tengo que pensar en eso, odio el dinero, pienso, y entonces María José toma el teléfono y me dice te amo y yo me pregunto qué hago aquí, por qué estoy aquí, por qué no la puedo abrazar. Tengo tantas cosas en qué pensar, tengo miedo de casi todo, sé que no puedo fallar y, a la vez, hay tan poco que pueda hacer. Quisiera poder pedir auxilio.
Y ahora pienso que al final no me voy a rendir, que seguiré avanzando. Pero me enojo más, porque quisiera rendirme por una vez, soltar, quiero soltar… Paren el mundo, me quiero bajar, dice una alumna mía y a mí se me llenan los ojos de agua y le digo que sólo hay que seguir viviendo, aunque yo qusiera bajarme también. Carajo, la vida se impone y no da treguas, y no hay nadie alrededor y yo también siento que me ahogo en este instante.

Leitmotiv

Agosto 25, 2008 at 10:54 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Era de noche y se iba. ¿No te importa irte?, pregunté. No, me respondió riendo. Y yo pensé: ésta es la historia de mi vida.

Belleza y poder

Agosto 23, 2008 at 6:56 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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En el último post del Rufián alguien dijo que las mujeres estamos perdiendo nuestro poder sobre los hombres porque ya no nos ponemos ropa interior con moñitos. Quizá no lo dijo así, pero la idea fue ésa: la mujer ahora es independiente y ruda y dura. Entonces ya no es femenina, y eso, según el opinante, es una pendejada.
Me parece que está describiendo algo innegable, pero no está observando con cuidado suficiente. Nuestro género -bueno, el mío, para evitar herir susceptibilidades de lectores insensibles al lenguaje figurado- ha modificado su papel a lo largo de los siglos y el hecho es que los tacones nunca fueron tan cómodos -aunque mis peep toe negros me sigan elevando autoestima y estatura-.
La principal imprecisión que captó mi mente fue el hecho de pensar que la manera de tener a los hombres a nuestros pies es la otra, la de los moñitos y el toque femenino. Que esta nueva etapa de mujer empoderada (qué palabra tan horrenda) es lo que nos espanta a los novios. No sé si eso sea totalmente cierto, aunque en muchos casos es probable: todos conocemos casos de mujeres guapas exitosas simpáticas interesantes que, quién sabe por qué, no tienen pareja. En primer lugar, es claro que las exigencias de este tipo de féminas serán siempre mayores, digo, a uno le parecería absurdo verlas entrar a algún lugar del brazo de un cualquier cualquiera… lo cual no significa que eso no suceda. Entonces todos decimos: eso es mucha joya para tan poco estuche, porque cierto tipo de novio se vuelve también una característica esperable en esta clase de personas.
Ahora, la realidad es que las guapas exitosas simpáticas interesantes tampoco son todas, no se dan en árboles ni las coladeras las avientan, y creo que todavía son superadas -en número y popularidad- por las que sólo son guapas, o las que ni siquiera son tan guapas, pero son más accesibles.
PERO…
tanto la mujer guapa como la no tan guapa y la de plano fea, todas ellas y las que entran en los puntos intermedios de dichas clasificaciones, saben lo que tienen y cómo usarlo. Es una cuestión meramente administrativa: se relaciona con la ley de la oferta y la demanda, con el “hay pero no pa’ todos” y con todos los matices que se relacionen o deriven de lo anterior, incluso por oposición. Lo que quiero decir -y creo que no he podido- es simple: la mujer siempre sabe cuándo guardarse y para quién, del mismo modo que sabe venderse bien y sabe, ¿por qué no?, regalarse si le da la gana. Cuando yo estaba en la universidad todas mis compañeras me veían feo, porque nunca entré en su cerrada clasificación de lo femenino; me juntaba con puros hombres, con los que se sentaban hasta atrás en todas las clases y se ponían ídem al salir de ellas. Yo me emborrachaba con ellos, tomaba directamente del envase de la caguama, no usaba nada de maquillaje ni me peinaba ni nada de eso. Íbamos a tomar pulque con don Rurro, que nos decía “aquí vienen a tomar, no se hagan güeyes”. Si alguno llevaba a la novia, todos le ponían cara y le decían: con nosotros sólo se juntan valedores y viejas sin pudor. Afligida, yo preguntaba: ¿entonces yo soy una vieja sin pudor? El Terror contestaba de inmediato: nel, tú eres valedor. A mi novio de aquel entonces no parecían molestarle las críticas que su mejor amiga profería en mi contra; ella era una de esas niñas “de familia” (siempre me pregunté si a mí me habían hecho en olla express), y juraba ser incapaz de comprender qué demonios me veía su amiguito, pobrecito. Una vez, afuera del salón, la morra se puso a hablar de mí -de mi apariencia- con gran indignación. Se preguntaba con angustia si yo no podía, por un día, tratar de ser femenina. Mi entonces novio le dijo: es que su lado femenino lo reserva nada más para mí. Me brillaron la piel y los ojos en ese momento y me sentí, lo reconozco, muy bella. Era cierto; después de todo, si te gusta alguien, ¿por qué no hacerlo sentir privilegiado? Eso puede ser no sólo un regalo, sino también un recurso, pero no de dominio -no quiero que se malentienda mi idea ni que se abuse de ella: nunca justificaré cierto tipo de comportamientos de mis congéneres, aclaro-.
En todo caso, la figura masculina está cambiando también, y nadie nos preguntó a nosotras si nos sentíamos atraídas por algo tan novedoso como un metrosexual. A mí por lo menos no me gusta nadita: me genera el mismo rechazo que las niñas que se ven al espejo todo el día, de manera casi nerviosa o compulsiva o qué se yo. Como dice Zeca Baleiro, admiro más “a verdadeira beleza, a beleza que põe mesa e que deita na cama, a beleza de quem come, a beleza de quem ama, a beleza do erro puro do engano da imperfeição” (la verdadera belleza, la que pone la mesa y se acuesta en la cama, la belleza de quien come, la belleza de quien ama, la del error puro del engaño de la imperfección).
Si la belleza sirve o no como mecanismo de poder es algo que ya no me interesa. Por el momento prefiero pensarla sólo como fuente de placer. Con eso basta y sobra para quien tiene la capacidad de percibirla. Los demás, ellos sí, que la discutan.

Presentimiento

Agosto 22, 2008 at 3:04 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Yo me las doy de perceptiva. Yo siempre me ufano de saber leer las señales. Entonces tiene que pasar algo para ponerme en el piso. Les cuento: durante estos días me estuvo rondando el tema de la intuición y los presentimientos y todo lo demás. Hasta las canciones de mi Ipod -permanentemente aleatorias- dirigían los mensajes hacia allá. Ayer en la mañana, entre el Estadio Azteca y el Instituto Nacional de Rehabilitación, vi tres choques de autos. En el instante escribí un mensaje: “suelta el coche, la calle está rara”. Lo leí y me autocensuré: “apenas anoche estuvimos hablando de eso, quizá me sugestioné, seguro estoy exagerando”. Lo borré. El día siguió avanzando.
Hoy en la mañana estaba en el salón, pero no estaba dando clase, pues había otra actividad. El teléfono sonó y de inmediato pensé que algo no estaba bien. Mandé un mensaje. Me arrepentí: salí del salón -qué bueno que este blog no lo lee mi jefa- y llamé. La primera nota de la voz te dice todo… Un accidente, auto, madrugada… Yo sólo pensaba que había sido una estúpida, sentía un hueco en el centro del pecho, quería hacer algo, o no, no algo, sino todo lo posible. Para la próxima me pondré atención, me haré caso, pero en este momento me duele saber que a alguien que quiero, de la nada, se le complicó la vida… Y esto, sin duda, es también una señal: es una indicación clara, unívoca, de lo que es importante. Me preocupa pensar que estoy tan ciega como para necesitar un signo de esta magnitud. Anoche Arturo decía que no hay mal que por bien no venga, así que busquemos lo mejor que se pueda sacar de esto.

Respuesta

Agosto 20, 2008 at 9:26 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Al bueno le dije que no.

Le dije que me caía bien, pero no bastaba con eso para crear amor, que no me parecía justo aprovecharme de la ventaja que me ofrecía y, sobre todo, que no quería fingirle algo que no siento. Le dije también que estoy consciente de que, como dijo Anónimo, no es fácil encontrar lo que él me ofrece, pero que prefiero esperar, aunque sea en vano.
Como diría Mafufito, estoy condenada a ser decente.

Justicia

Agosto 20, 2008 at 4:19 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Como se dice últimamente: tengo tema con la justicia (risas grabadas aquí, para un chiste que sólo yo entiendo). La cosa es que algo que siempre me ha enojado, dolido, hecho llorar, es la injusticia: por eso lloro con los noticieros y me enojo por cosas que, por lo general, no me incumben.
Creo que todo tiene que ver con el hecho de que siempre sentí que en mi vida hubo varias injusticias (yo lo creo, mientras que mi terapeuta estaba seguro; saludos, Alejandrino). Y poniéndolo en términos claros, las cosas que más me duelen son precisamente las que se relacionan con no recibir lo que merezco o recibir algo que no merezco -en eso no difiero de la mayor parte de los seres humanos, me atrevería a asegurar-. Ahora que medito acerca de ello, y recuerdo lo que he relatado en tantas ocasiones, una de las razones por las que Nelsito y yo terminamos, o mejor dicho, la razón por la que ya no volvimos, fue que nunca pude perdonarle que me hubiera escrito cosas que él sabía que yo no merecía. Estoy segura de que hubiera terminado perdonándole todo lo demás, si no hubiera escrito ese correo que aún guardo por si algún día me falta la memoria. Éste es sólo un ejemplo, pero creo que la justicia no es algo con lo que tengo tema, sino que es uno de los grandes temas de mi vida…
Ahora tengo un asunto legal que, de resolverse favorablemente, sería para mí una prueba de que existe la Justicia, no la justicia, no la simple ley ni el derecho positivo. Pero, si las cosas salen mal, sé que este tema, mi gran tema, me va a pesar en el alma, y me va a ser difícil respirar con esa definitiva certeza de que estamos a merced de los intereses, de las circunstancias… Estoy esperando noticias y no sé si realmente quiero recibirlas. ¿Qué tal si los milagros no existen o si no son para todos? ¿Qué tal si nunca me va a suceder uno a mí?

El bueno

Agosto 20, 2008 at 2:11 am | In Uncategorized | Leave a Comment
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Llegó el bueno: el que, de una vez por todas, dice “me interesas y quiero algo serio contigo”. El que dice, directamente, “quiero estar contigo y ser tu novio y compartir y construir”… El tipo serio, inteligente y tranquilo que, como dice Lucy, entre todas las personas me prefiere a mí… Existe, a pesar de que yo lo dudara.
El problema es que su mensaje directo, sus detalles diarios, su paciencia y sus intenciones francas no le servirán de mucho. No le servirán de nada.
Yo no puedo quererlo, aunque desearía poder. De la misma forma que alguien no me quiere y ni siquiera desea hacerlo.
Pero tenía que escribirlo, porque me molesta que el amor siempre esté a merced de la casualidad o de la sincronía y porque me asusta pensar que es lo más cerca que lo he tenido -o lo tendré- en mucho tiempo.

Post misceláneo

Agosto 19, 2008 at 5:58 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Confieso que la historia de Zapato me salió de un lugar tan puro de la memoria que no quería escribir algo nuevo, por no sustituirla. Pero ya me están empezando a presionar con aquello de que si no actualizo se aburren…
1) Hasta entre los perros hay nacos
Fui a casa de mi mamá y compré, como acostumbro, un enorme refresco Lulú de piña, que es mi favorito. Ese refresco sólo se consigue en la casa de una señora, Jose, que despacha desde la ventana de su cocina. La cosa es que ese sábado, Jose tenía visitas a la hora de la comida, lo cual me permitió escuchar la siguiente conversación:
- La perrita de X va a tener cachorros.
- ¿Ah sí? ¿Con quién la cruzaron?
- Ni te imaginas, se cruzó con el perro naco del autolavado.
- Bueh, todavía la pueden llevar al veterinario para que aborte, ¿no?
Yo no daba crédito. Creí que por lo menos a los animales se les concedía la igualdad, pero no, también hay perros nacos con los que las perras “bien” dan su mal paso, para el que existe una solución equivalente a la que usan los humanos. Los animales, tan inocentes, y nosotros queriendo someterlos a nuestros prejuicios… Ah, qué cosas tiene este género supuestamente racional, que tiene que entenderlo todo desde sus propios complejos.
2) Yoruba vs. Mr. Potro
De vuelta a casa, vi desde la ventanilla del camión un anuncio pegado en un poste. Estaba impreso con una tipografía tosca, en diversos tonos de azul y en un papel que no resistirá, creo, los embates del viento y el polvo de ciudad. En el cartel se veía a un hombre en posición amenazante, con las manos a la altura de la cara -cubierta con máscara- en un ademán que pareciera significar algo como “grrrrr”. Junto a la foto se leía: “Yoruba vs. Mr. Potro”. No pude evitar reír y darle rienda suelta a mi imaginación; no sé si el de la foto era Yoruba o su oponente, pero lo curioso es que el nombre de una tribu africana se haya llevado al contexto de la lucha libre. Los yorubas no eran precisamente aguerridos, pero ahora se les atribuyen poderes brujeriles -quiero decir, a sus descendientes y a los discípulos que éstos tuvieron en América Latina-. Quizá este luchador se está encomendando -y ateniendo- a estos conocimientos ancestrales sobre ritos y herbolaria más que a su propio vigor físico o facultades como gladiador. Esperemos que no, lo que sí me hubiera encantado es asistir a un espectáculo como ése, en el que pudiera gritar, a coro con algunos borrachos locales: yo – ru – ba, yo – ru – ba. Todo un sueño hecho realidad, je.
3) Rata
El otro día vi ratas. Una en la mañana y una en la noche. En ambos casos las señalé sin asustarme, sin sentir apenas nada. Sé que son animales sucios, que a la gente le dan asco, pero para mí, en este preciso momento de mi vida en el que tantas cosas que creí olvidadas están regresando, representó que estoy viva… Mejor me explico.
Cuando mi mamá se fue de la casa comenzó una etapa en mi vida que creo que siempre recordaré como una degradación constante. La casa en que vivía con mis abuelos, mi papá y mi hermano, poco a poco fue llenándose de cosas sucias, de periódicos, de polvo, de comida tirada en el patio de atrás -a mi hermano y a mí no nos gustaba comer los platillos fríos y grasosos que enviaba la después madre de mis medios hermanos; mi papá nos daba los trastes llenos y pretendía que comiéramos sin recalentar… era asqueroso-. Después de un tiempo, la casa parecía inhabitable -o lo era- había animales muertos y, sobre todo, ratas. Yo no podía estar sentada en ningún lugar sin que me pasara una entre los pies. Les temía; de inmediato salía corriendo a otro cuarto hasta que veía otra y me iba a otro cuarto y veía otra. Y así sucesivamente… Estaba a merced de las ratas, la casa era más suya que mía y en poco tiempo empecé a sentir que estaba muerta, encerrada en un lugar lleno de cosas pudriéndose, acechada por animales y presencias. Muerta, en fin, o en una existencia prestada en la que era inferior y menos libre y más infeliz que una rata.
Ahora todo es distinto. Vivo en paz, en un lugar con sol, en un lugar limpio. Nadie me vigila. Veo pasar una rata y ya no siento miedo, ni asco, ni nada. Es un recordatorio de que ahora estoy bien, de que las ratas y yo coexistimos en el mundo, pero ahora soy persona y no soy eso que fui. De todo se aprende algo, en todo leo una experiencia, un saludo del pasado. Insisto, todo se está reacomodando y un milagro está por ocurrir.

Zapato

Agosto 15, 2008 at 5:46 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Firmaba sus cartas como F (aunque se llamaba E) y me decía Zapato. Tenía 16 y yo 20. Me quería y yo le recuerdo. Nada de lo anterior tiene lógica, pero así fue como sucedió: nos presentó un amigo, en una reunión, y desde el primer momento F me vio con unos ojos involuntariamente sinceros. “Tu cara me gusta tanto que quisiera golpearla”, me dijo, y me estremeció pensar que conocía esa sensación.
Después se dedicó a seguirme, con ayuda de su amigo, a invesigar mis horarios, a estar afuera de la universidad a la hora de mi salida. No quiero decir que fuera psicópata. Eso no era exactamente acoso: era la persistencia del animal que necesita un dueño, cualquier dueño. La primera vez que me esperó se entretuvo dibujando con gis en la banqueta: “mira, es un zapato, eres tú”. Nunca entendí por qué me decía Zapato, pero respondí a ese nombre varias veces. “¿Qué quieres?”, le dije. “Te quiero”, contestó. “Pero yo no te quiero, y no tengo tiempo, y estudias la prepa y no entiendes nada”. “Te quiero, Zapato”, me dijo. Rió.
“Me voy” (siempre que nos vimos yo me estaba yendo), subí al camión y subió tras de mí. Tenía 16 años, se había volado todas sus clases del CCH Naucalpan para esperar a que yo saliera de la Universidad y dibujar con gis ese ridículo zapato que después no borró de la banqueta. Se sentó junto a mí en el camión y encendió un cigarro.
- No fumes aquí.
- ¿Por qué no?
- Porque no. Nos van a bajar.
- Pues nos bajamos.
Aspiraba fuerte y claro, diciendo “quiero fumar, te quiero Zapato, si me bajan me bajo, ¿viste, no pasó nada?”. Nos quedamos en silencio.
Saqué unos audífonos de la mochila. Escuchaba a Cerati. Me miró atentamente, sin decir palabra, hasta que hubo que bajar. Me siguió hasta mi casa.
Entré y noté que se había quedado en la calle, tras la reja. “¿No quieres pasar?”. “No Zapato, sólo quería saber de qué color era tu casa”.
La rutina se repitió varias veces. Siempre había un zapato dibujado en la banqueta y yo empezaba a acostumbrarme a su presencia. “No te quiero”, le decía, “vete”. “Eres tonta, Zapato, tú te crees que no me quieres pero es sólo que no sabes”. Entonces me reí yo, porque no era un recurso manido, porque no era una estrategia, porque no era un plan: F decía verdades como puños y yo era tonta por no saber. Me reí de buena gana y le di sinceramente un beso.
El beso no le sorprendió. Me tomó firmemente de la mano y me preguntó a dónde quería ir. Yo tenía 20 años, pero su mano de 16 me llevaba y yo me dejaba guiar. Con saña le pedí su corazón en un plato: le pedí que me llevara al bar donde estaba D, porque yo lo amaba, porque quería verlo. F me llevó sin inmutarse. F se ofrendó con dignidad.
En el bar estaba D; una chica lo abrazaba. Él se dejaba hacer. En cuanto lo vi perdí el control y comencé mi ejercicio, con lujo de crueldad: abracé a F, le canté al oído, le di tantos besos como me permitió el tiempo. Y D no se inmutaba. Eran las cuatro de la tarde. A las once de la noche, F dijo que era hora de irnos; para entonces yo ya no estaba en mí y D estaba sentado en las piernas de Fulana. Fui directamente a él y le planté un beso furioso que él respondió con la misma rabia. Cuando volví el rostro para buscar a F, ahí estaba: me tomó de la mano y me guió hacia la salida.
El regreso a casa fue silencioso. Se despidió en serio: “adiós Zapato, me sigue gustando tu cara, es tierna, eres como un bebé”. Se dio la vuelta.
Desde la puerta le grité:
- ¿Qué querías? ¿Qué esperabas?”
F se quedó en silencio, volteó y dijo:
- Nada.
- ¿Entonces? ¿Por qué me buscaste? ¿Por qué haces todo esto?
- Porque no puedo evitarlo.
Entonces se echó a correr.
F siempre supo que le iba a partir el corazón, pero me siguió queriendo porque no pudo evitarlo. No me buscaba porque quisiera conquistarme, sino porque no podía evitarlo…
Confieso que el resto de la carrera me sentí mal por eso. Mucha gente lo vio y se encargó de recordármelo. Fue una de esas culpas con las que aprendes a vivir, y ni siquiera aspiras al perdón porque sólo haría la vergüenza más grande.
Una tarde, casi noche, salí de la escuela. Era mi primer día de servicio social, así que mi horario había cambiado completamente. Hice mi recorrido habitual hacia la parada del autobús, mirando la banqueta, como acostumbro. Estaba en el lugar de siempre: un zapato mal dibujado con gis, que seguro había acarreado insultos de los transeúntes, pues ¿a qué inconsciente se le ocurre estorbar para hacer esa tontería? Reconozco que, hasta ese día, no había considerado eso, entonces me pregunté si yo sería capaz de mostrar mi corazón desnudo en plena calle, si yo me pondría en el piso ignorando a todo el mundo sólo para ver si consigo agradar a alguien, sólo para ver si sonríe, sólo porque no puedo evitarlo.
Eran las ocho de la noche y comenzaba a llover. Busqué a F con la mirada, pero ya no estaba. Me pregunto si se habrá ido horas o apenas minutos antes de que yo llegara, preguntándose por qué rompí la rutina, por qué no pasé. F se jugó su última carta y, en esa ocasión, lo que no le ayudó fue la suerte. Ahora lo único que le queda es el otro lado de esta historia que yo suelo recordar en ocasiones, cuando hay que jugarse la piel y los huesos con alguien que tiene las cartas marcadas, pero no con la intención de ganar algo, sino sólo porque no puedo evitarlo.

Se busca

Agosto 15, 2008 at 12:17 am | In Uncategorized | Leave a Comment
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Últimamente, y por razones insólitas, muchas personas volvieron a aparecer en mi vida. Hermanos de logia, compañeros de la preparatoria, un viejo amor -que ni se olvida ni se deja, jeje-… Con algunos he tenido contacto puramente virtual, al viejo amor lo vi y compartimos ratos y estamos generando un proyecto juntos… Eso me hizo pensar en algunas personas de quienes no sé el paradero, y en otras que son difíciles de contactar, así que si alguno de ustedes conoce a alguno de ellos, sería bueno que me lo hiciera saber, o que le hiciera saber a esa persona que a pesar del tiempo y la distancia aún me gustaría abrazarlo, platicar, reír… Sentir su presencia nuevamente.
1. Erandy Ramírez Arellano. Lo último que supe fue que entró en la escuela médico militar. Es una niña dulce, inteligente, confiable y leal. Nunca le dije cuánto la admiraba y lo orgullosa que estaba de ser su hermana mayor.
2. Salvador, “Fucking Volador”. A pesar del apodo, Chava era un niño muy tierno. Fue mi crush ajefil -o uno de ellos-. Me gustaría saber en qué se convirtió.
3. Alberto Mendoza. Creo que no es su primer nombre ni su apellido paterno, pero fue mi amigo en preparatoria: él estudiaba en el CCH Naucalpan y me enviaba cartas y poemas… No sé si finalmente estudió Letras, pero sería bueno hablar con él, que volviera a leerme “Blues”, que tomara mi mano si quisiera. Fumar con él, claro, y tomar café, recuerdo que lo disfrutábamos mucho.
4. Erick Dahen Gómez. Un gran amigo, mi paño de lágrimas en la prepa. Alguien que me dio fuerza y amor y fe. Lo último que supe de él es que produce televisión en Los Angeles.
5. Mi madrina Moraima. Mi mismísma mamá de osha. Está en algún lugar de Miami, creo. También me gustaría ver a su esposo Silvio.
6. Mis primos Cristian, Steve, Octavio, Gaby y Gustavito. Sólo los vi un par de veces en mi vida. Me hubiera gustado conocerlos, que fueran los primos de parranda. Que fueran mis primos, vaya.
Y por último, cómo desearía volver a hacer una larga clase de danza con la maravillosa Kamy y con todo nuestro grupo de aquel entonces. Eso era vida, no remedos.
Me puse nostálgica. Ando nostálgica últimamente. Se siente en el aire que un milagro va a ocurrir.

Agosto 13, 2008 at 9:33 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Anoche se terminó una amistad de años. Yo no sé si era realmente una amistad: aunque se trata de alguien que estuvo ahí durante años nunca reparó en hablar mal de mí, en discutir conmigo delante de la gente, en mentirme y, en fin, en lastimarme por puro deporte. Pero me quería, claro, o eso decía. O me quería a su manera.
La cosa es que le dejé de hablar durante mi periodo de depuración: decidí que lo que hacía daño iba para afuera (en mi itá dice muy claro que lo que no sirve se bota). Caí en cuenta de que él siempre me buscaba el pleito y yo terminaba siguiéndole el juego y nos decíamos cosas muy feas, así que decidí apartarme, pero no sólo de él, sino de otras personas que no me estaban dejando nada más que daño y cansancio y pesadumbre.
Creí que sería temporal. Siempre nos ufanamos de haber mantenido una relación larga. Nunca fue una verdadera relación: una vez lo escuché hablando de mí y me enteré de que lo que sucedía entre nosotros era distinto en su imaginación y, sobre todo, en sus palabras. Eso me hizo desconfiar, quizá nunca pude reponerme de la idea de que mentía siempre, acerca de todo, incluso a mí, que era su gran amiga -según él-.
Anoche me habló en el messenger. Me dijo que a Liz la van a operar de la mano. Siempre que quiere molestarme habla de una tal Liz y le endilga cualidades que surgen de sus propios complejos. Siempre he creído que la tal Liz no es lo que él dice. Quizá se encontró una foto en una cabina y me vino con ese cuento. Desde que lo escuché hablar con sus amigos de “nuestra situación” dejé de creer en sus versiones de las cosas; siempre he creído que Liz es otro cuento, como lo fui yo.
Así que anoche me dijo que a Liz la van a operar de la mano que, en sus palabras, en ella es algo delicado. (Siempre que se refiere a Liz hace paralelismos conmigo: cuando yo estaba comprometida Liz estaba comprometida, si a mí me operan de la mano a Liz también, con la diferencia de que en ella siempre resulta algo de lo que sí vale la pena hablar, algo que sí es bueno, algo que sí es bonito, algo que sí es digno de amor). Si me hubiera hablado con la verdad, si hubiera dicho cualquier cosa… Pero no, me viene a inventar otro cuento de Liz, y me recuerda que es un mentiroso, y me recuerda lo que decía de mí. Entonces le respondo que no me interesa y que a él tampoco debería, pues Liz no es nada suyo. Él dice que Liz es su novia hace un mes, y me parece el colmo: ahora se va a inventar una relación fantasma con una persona semifantasmal, ¿y para qué me lo dice? Para llamar mi atención de una manera absurda, haciéndome enojar, porque sabe que detesto sus mentiras, que me aburre tener conversaciones sobre cosas que ambos sabemos que no existen. Le dije que tampoco me interesaba su noviazgo y entonces me dijo que él creía que éramos amigos pero se daba cuenta de que no, me deseó una bonita vida y se fue.
Hoy fui a trabajar como todos los días. Reí. Escuché música. Un alumno me regaló chocolates… Yo ya tengo una bonita vida. Una vida de paz. El único adiós que temo es el de Obbatalá, el de mis espíritus y mis santos, después, el de mi familia -compuesta por consanguíneos, padrinos y amigos de verdad. Si tengo que decir algo, diré que también le deseo una bonita vida. Sólo que, como todos, tendrá que luchar para tenerla.

Flor da pele

Agosto 13, 2008 at 8:38 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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…ando tao a flor da pele que qualquer beijo de novela me faz chorar…

(Siempre que ando enrarecida los post se multiplican, ¿lo han notado?)

Esta semana he tenido una extraña sensación, ni siquiera podría definir cómo estoy, pero sé que soy un desorden, que siento muchas cosas a la vez, que todo el tiempo tengo un nudo en la garganta, que mi ánimo es un polvorón que se deshace, que es apenas… No sé qué me pasa.
Hoy en mi trayecto a casa puse el Ipod en aleatorio y entró en mis oídos esta canción: del MTV de Gal, “Vapor barato / Flor da pele”. Me conmocionó: los ojos se me humedecieron al oír la frase definitoria: ando tan a flor de piel que cualquier beso de novela me hace llorar, que mi deseo se confunde con la voluntad de no ser, que mi piel tiene el fuego del juicio final…” y es que “estoy tan cansada, pero no como para decir que ya me voy…”
Ah, no sé cuánto me dure este ánimo extraño, pero alguien por favor que me guarde de mí.
P.D.: La voz de Gal Costa cantando “Dindi” fue la razón por la que aprendí portugués.
P.D.: Y también por “Meu bem, meu bem, você tem que acreditar em mim, ninguém pode destruir assim um grande amor. Nao dê ouvidos à maldade alheia e creia. Sua estupidez não lhe deixa ver que eu te amo. Meu bem, meu bem, use a inteligência uma vez só, quantos idiotas vivem só, sem ter amor. E você vai ficar também sozinha e eu sei porque: sua estupidez não lhe deixa ver que eu te amo. Quantas vezes eu tentei falar que no mundo não há mais lugar prá quem toma decisões na vida sem pensar. Conte ao menos até três, se precisar conte outra vez, mas pense outra vez, meu bem, meu bem, meu bem: eu te amo. Meu bem, meu bem, sua incompreensão já é demais. Nunca vi alguém tão incapaz de compreender que o meu amor é bem maior que tudo que existe.Mas sua estupidez não lhe deixa ver que eu te amo”

Camión

Agosto 13, 2008 at 2:18 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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“Yo para ser feliz quiero un camión…” Eso cantaba mi papá y se le creía, pues de niño le tocó subirse a los que tenía mi abuelo como permisionario de los “Rápidos de Montealto” – ajúa yepa yepa-. Mi papá aprendió a manejar en uno de esos viejos, de los que salen en películas como Esquina bajan.
Ya casi no hay transportes así, por lo cual he transferido mi cariño y afición a los mibrobuses -que ya hace un rato dejaron de ser peseros- , al metro, al metrobus… En ellos me he divertido, me he emborrachado, he contado mis penas, he escuchado chistes… En prepa no tenía dinero para el último transborde hacia mi casa, lo cual representaba caminar cuarenta minutos, hasta que decidí comenzar a cantar en los camiones, no para ganar dinero, sólo para llegar. Recuerdo también que Isra y yo cantamos en los RTP de Insurgentes una tarde para juntar la cantidad necesaria para poder ir al concierto de Madredeus.
Los camiones representan también lucha por el espacio, posibilidades corporales, adaptación: todos hemos descubierto que nuestro cuerpo puede mantener una posición, que antes no se nos hubiera ocurrido, durante un periodo considerable de tiempo, cuando de ella depende permanecer en pie. Aprender a equilibrarse es necesario. En eso se parecen a la vida.
También en el camión se aprende a tolerar, se ven escenas de la vida cotidiana, se convive con gente que trae la suerte escrita en el cuerpo, en la ropa, en la música que va escuchando a todo volumen y podemos percibir desde sus audífonos. Me ha tocado ser testigo de escenas tristes, extrañas, graciosas… Supongo que todos tenemos anécdotas de ese tipo.
Ahora quieren que viaje en el trasporte de la escuela: un camión turístico exclusivo para un sector poblacional reducido… Es cómodo, no hay que pagarlo, uno puede dormir tranquilamente, siempre llegará a tiempo al destino correspondiente, es seguro, socialmente antiséptico y, en fin, tiene un montón de bondades; pero, qué va, yo me quedo con mi “Xochimilco – Estadio Azteca”. Al final del día, ¿para qué sirve subirse a un camión si nada te va a sorprender?
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