Paralelismo y “casi amor”

Septiembre 30, 2008 at 4:55 am | In Tripas y corazón | 2 Comments

Tengo dos amigos de toda la vida: Chey y Luis. Desde que estamos juntos, lo hemos vivido todo en sincronía perfecta: nos enamoramos al mismo tiempo, por las mismas fechas nos patean el corazón, lloramos al unísono… Esta vez compartimos la historia, pero del otro lado de un espejo opaco.

Hoy tomé café con ellos y con Liz. Tenía que contarles sobre mi relación-no-relación. Les dije que estaba contenta, que todo estaba bien, que era una de las mejores relaciones que había tenido (casi parece amor, dice el Muñe, y yo hago como que no me duele…). Con burla, Chey dijo: sí, te ves bien feliz. Le expliqué que el único problema era que él no me quería. Tuve que contextualizarlos un poco y, al final, ambos coincidieron en un juicio: es comprensible, a veces encuentras a alguien a quien no puedes querer, pero que vale la pena, y te quedas. ¿No me puede querer?, pregunté. Luis dijo: quisiera decirte que sí, y quisiera que él aprendiera a hacerlo. Callamos.

Los dos están pasando por lo mismo, pero del lado contrario: no pueden querer a quien los quiere, y dicen que también es frustrante y duele… Miramos nuestros propios vasos, nos quedamos muy callados y, como siempre sucede en estas ocasiones, sonó en el aire la única canción a la que nunca le había puesto atención hasta que… le puse atención.

Me quedé pensando, mientras los demás hablaban de sus propios sentimientos. Recordé lo que decía Elena Garro, en su diario, cuando se despidió del amor de su vida y le anunciaron que tendrían que extirparle matriz, ovarios y útero:

“Jueves, 7 de marzo de 1957

Hoy se fue Bioy. Anoche nos despedimos. (…) Volví al hotel y me fui al cine con Chata y Octavio. Quería ver una comedia para reírme. Había tan poco por lo que estar alegre ¡hoy! Vimos The Seven Year Itch. Estupidez vulgaridad y The Snows of Kilimanjaro. También en la película vivían en un gran lujo como yo viví: tirando el amor por la ventana, los años a la basura, los hijos… Hasta hoy me di cuenta del despilfarro, no sabía que no tenía otro amor, ni otros años, ni otra matriz… Siempre me dirigí al… Vacío vacío. Aquí hay una mano. Aquí había una mano. Aquí hay una flor. Aquí había una flor. Tengo talento tuve talento. Estoy. Estuve. ¿Y el amor? Es una cotidiana y desesperada nostalgia. Bioy va volando hacia su casa. (…) Ojalá hubiera una Elena nuevecita que me esperara en un sillón. O mejor, una Elena viejecita muy sabia, purificada en sus arrugas. Un futuro.”

Hasta aquí la cita. Uno despilfarra la vida, así es. Uno la malvive como si nos quedaran muchas. Y la verdad es que sólo hay una, y no se sabe en qué momento se termina. Frente a mí, dos personas que se aman se miraron a los ojos, después de que comenté lo que recordé sobre Garro. De pronto sus miedos les parecieron ridículos. De pronto los míos lo fueron también: nos pasó la eternidad alrededor y nos sentimos muy juntos y muy tontos.

Yo y mi gran boca

Septiembre 29, 2008 at 6:49 pm | In Anecdotario | 4 Comments

Siempre me he distinguido por mi gran coordinación: abro la boca y meto la pata. Hoy hice algo que es perfecto ejemplo, y que ha hecho sonreír a más de dos testigos.

Resulta que, como todos los días, al salir de mi clase pasé al departamento de Lenguaje, a ver si no tenía nada que recoger de mi charola. Junto a las repisas estaba sentado un joven, quien tenía en la mano un libro bastante gordo, de pasta dura. Lo primero que pensé fue que seguro se trataba de un candidato que venía a entrevistas o algo semejante, pues iba de traje y estaba un tanto impaciente. Con la imprudencia que me caracteriza le pregunté de qué libro se trataba; me lo mostró: era Crimen y Castigo, en la nueva edición de Porrúa. Le pregunté si era una buena traducción y me dijo que a él le parecía que sí; le dije que a mí me estorbaba un poco la traducción española, sobre todo porque no me gustaba oír a Raskolnikov decir: “Anda, vete a paseo”. Sonrió con tiento, y asintió: “esta traducción se acerca un poco más a lo mexicano”, dijo. “Qué bien”, respondí, “porque a veces las ediciones españolas son muy caras y decepcionantes”. “Así es”, dijo, ya muy serio.

Me tenía que ir a otra clase y me despedí rápidamente, de manera amable pero informal. Cincuenta minutos después, volví a pasar por el departamento. Mariana, la secretaria, que presenciara la escena anterior, me dijo: “¿Sabes con quién estabas hablando?” Y yo: “no”. “Con Rodrigo Porrúa”. Y yo: gulp. Mariana se echó a reír y dijo que a mi jefa también le había hecho mucha gracia que yo, de una manera tan light, le hubiera preguntado al dueño de la cadena editorial lo que opinaba de su propio libro. A mí me dio un poco de pena, pero cuando lo pensé, el hombre me cayó mucho mejor. No se puso a hacer propaganda forzada, sólo respondió, y lo hizo mirándome de frente y no por encima de su hombro. En fin, cuando no estoy haciendo comentarios inoportunos a empresarios editoriales estoy chocando contra Monsiváis a la salida del baño de Gandhi. Nunca brillaré en sociedad.

A lo que hemos llegado…

Septiembre 29, 2008 at 12:29 pm | In Lo que se ve en la ciudad, Ver, oír y postear | Leave a Comment

Despierto una hora tarde, así que me baño de prisa y tomo un taxi de casa al trabajo. En veinte minutos estoy ahí, pero durante el trayecto no falta la conversación con el chofer, motivada por un comentario en el radio acerca de la marcha de López Obrador:

- Creo que ya ni fue gente a la marcha, ya nadie quiere apoyar a Obrador…

- Pues es que todos los políticos son iguales.

-Sí, una bola de rateros. Ya mejor que regrese el PRI.

- ¿Cómo cree? ¿Quién del PRI?

- ¡Pues aunque sea Salinas!

Fin de semana

Septiembre 29, 2008 at 2:28 am | In Tripas y corazón | 2 Comments

(Todavía no me termino de acostumbrar a este nuevo blog, pero ya estoy en la segunda entrada y supongo que eso es algo…)

Este fin de semana fue ligero y natural. Después de que diversas situaciones se habían mantenido en tensión todo ha llegado a una estabilidad que no sabría bien cómo describir. La cosa es que me queda claro que tengo una relación que no es relación y eso me tiene tranquila. Hoy escuché una larga historia en la que no salí yo, pero que me explicó muchas cosas. De pronto, como por arte de magia, todo se volvió fácil y amable. Me siento bien.

No, creo que no me termino de acostumbrar a WordPress. Pero seguiré practicando.

La madeja empieza aquí

Septiembre 28, 2008 at 12:34 am | In Tripas y corazón | 2 Comments

Los que me siguieron hasta acá habrán notado que me traje la aguja con todo y el hilo. Pero el nuevo blog empieza con este post. El motivo de la mudanza fue simple: tengo ganas de gritar que tengo una pareja relación … Bueno, que algo me está volviendo loca, y cada vez que quería sacar esa sensación de mi sistema y pensaba en escribir, recordaba que el individuo en cuestión lo iba a leer. Por otra parte, empezó a llegar mucha gente que limitaba mi libertad de decir: no quería ser mal ejemplo, ni ofender a nadie, pero ya empezaba a ser difícil moderarme, de modo que mejor gurbai, como diría Pío Leyva.

Creo que dejé La aguja  en su mejor momento. Había llegado a las setenta visitas, otros blogueros me linkeaban, los lectores se sentían a gusto y yo, en general, amaba mi bloguito. No crean que no sentí cierta tristeza al abandonarlo. Sin embargo, ningún precio es muy alto a cambio de la libertad. La decisión la tomé hoy en la mañana, hablando con René, pues comentamos que en el último post de Plaqueta los lectores hasta la clonaron. Yo dije que ella debería matar ese blog, porque ya no era suyo, y de repente llegó la revelación. Así llegué a WordPress, a levantar otro blog desde cero. Ojalá me dure mucho este charquito donde anoto mis bobadas.

A los que me siguen, gracias. A los que sin ser avisados me encontraron, mis respetos.

Por ahora, eso es todo, palabras más, palabras menos.

Closer (o de cómo el amor es una pelea sucia)

Septiembre 27, 2008 at 2:27 am | In Películas que veo sola | 2 Comments
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La primera vez que vi Closer no la disfruté. De hecho, lo que me hizo verla fue la constante referencia que hacían de ella algunos de mis amigos (supongo que debido a que está llena de frases altamente citables). Volví a verla hoy, con otros ojos, y lo que encontré fue el amor (ese “algo sin nombre, la obsesión de un hombre por una mujer”). No era la perspectiva típica de las películas románticas, sino la prueba de que el ser humano, al amar, hace trampa. Engañamos al otro, o a nosotros mismos. Lo que queda al final es el vacío, la decepción, la modificación del mundo como lo conocíamos: la mujer indejable es la que abandona, el médico amable es el verdugo, la mujer centrada no encuentra el equilibrio y el hombre inestable no hace otra cosa que buscar la firmeza. “Toda buena pelea es una pelea sucia”, dice Larry, que obtiene la venganza y el poder.
“- Ya no te amo -¿Desde cuándo? -Desde este momento. Aquí está la verdad y ahora puedes odiarme.” La pasión no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Juan

Septiembre 25, 2008 at 12:33 am | In Nostalgia, Tripas y corazón | Leave a Comment
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Espero no tener que pedirle demasiadas cosas a mi esposo, si un día me caso, pero una de ellas será que nuestro hijo, de ser varón, se llame Juan. Juan Roberto, Juan Fulgencio, Juan Pío, cualquier otra cosa que quiera mi marido, pero Juan. Eso lo decidí desde hace años, y lo mantengo a pesar del tiempo y las calamidades.
La explicación es que el hombre más importante en mi vida, durante mucho tiempo, fue mi hermano Juan. Cuando éramos niños nos acompañábamos en la soledad de una casa donde todo estaba prohibido, donde no podíamos hablar con nadie y, sobre todo, donde nadie parecía darse cuenta de que estábamos ahí, muy tristes y muy quietos, viviendo una niñez poco infantil.
Tengo la memoria llena de recuerdos de él: alegres, tiernos, amargos y violentos. Sin embargo, siempre será mi compañero de juegos, mi cómplice, mi protector, mi protegido, mi confidente… Es el que dice que yo tengo culpa de todo, pero que si alguien me lastima hay que madrearlo. Con él viví todas las cosas importantes y, aunque nos hemos distanciado en algunas temporadas, siempre se ha mantenido cerca, acompañándome como cuando éramos niños y estábamos rodeados pero solos.
Dicen que nos parecemos mucho. Es natural: además de los genes, tuvimos una unión especial durante muchos años. De niños incluso nos vestían de los mismos colores, nos compraban los mismos juguetes, leíamos los mismos libros y teníamos, creo, los mismos miedos. Desarrollamos un vocabulario inusual que nos aislaba un poco del resto de los compañeros de la primaria, pero que nos unía mucho más. Estuvimos siempre en las mismas escuelas -desde primero de primaria hasta el último semestre de la carrera- y tenemos varios amigos en común.
La adolescencia marcó la separación: cada uno iba buscando el rumbo. Aún así, mi carnal es mi carnal, y no dejó de serlo a pesar de mis locuras y sus duros juicios.
El otro día comimos juntos, con un amigo de ambos. Por alguna razón también me di cuenta de lo distintos que somos; él dice que nunca podría ser maestro, piensa que la corrupción no debería escandalizar a nadie, se ríe de cosas que a mí no me hacen gracia. Mi hermano, además, es más callado y prudente, es más discreto y paciente. Por momentos hace algo, un gesto o una broma, y vuelvo a ver al niño que fue y me siento otra vez la nena, la hermanita que tuvo, a la que despertaba saltando sobre la cama para avisar que iba a preparar hot cakes.
Ahora me propone que rentemos un departamento juntos, en el sur, y la idea me asusta un poco. ¿Qué tal si la vida nos ha convertido en desconocidos incompatibles? Cuando se ha roto el lazo firme de lo cotidiano, quizá haya que cuidar la distancia en beneficio de los buenos recuerdos.

Miss Riñón de Pollo

Septiembre 24, 2008 at 12:20 am | In Anecdotario, Tripas y corazón | 4 Comments
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El primer día de clases, cuando me presento, les digo a mis alumnos que no se anden con cuentos conmigo, porque no tengo corazón. Siempre alguno dice que no se puede vivir sin corazón y yo digo que para sustituirlo compré un riñón y ahora tengo tres. Es un referente que todos compartimos durante el semestre y que termina volviéndose contra mí al final del curso, cuando se despiden y se me llenan de agua los ojos, y alguno dice: “su riñón, maestra, su riñón”.
Los maestros a veces subestimamos la relación de lo académico con lo afectivo, pero no podemos dejar de vivirla, de una u otra forma. Hoy tenía que anunciar a mis cuatro grupos que ya tenía disponibilidad para dar asesorías, así que comencé diciendo: “tengo que decirles algo…” En los cuatro grupos hubo alguien que dijera: “….que nos quiere mucho”. Yo sonreí y respondí que eso no tengo que decirlo, porque ellos ya deben saberlo…
Y es verdad. Los quiero bien, lo suficiente como para regañarlos, como para leer con cuidado sus ensayos, como para reírme de sus chistes, como para recordar lo que me cuentan, como para ayudarles a escribir su trabajo parcial oración por oración… Hoy viví intensamente el afecto por mis alumnos cuando taché todos los párrafos de un chico brillante, que no concede a mi materia el esfuerzo que requiere. Me miró con unos ojos más profundos que una duda y me dijo: “parece que sólo porque no está en párrafos no importa lo que tengo que decir”. Me atravesó el corazón. Perdón, el riñón. Quería explicarle que yo sé que sus ideas son claras, que es creativo y talentoso, pero que si no me deja ayudarle a mostrarlo el mundo nunca se va a enterar de eso.
Una hora después, una profesora fue a buscarme para conversar sobre un asunto tan gracioso que ni lo voy a mencionar. Los alumnos que me esperaban para tomar clase me vieron y se metieron de inmediato al salón. Cuando por fin entré, todos estaban en sus lugares, viendo al frente, en silencio, casi petrificados y con las manos en sus escritorios. Al verlos me sorprendí, parecían incluso asustados. “¿Y ese silencio?”, les dije. “¿No va a venir alguien a supervisar su clase? ¿No venía con su jefa?” Les dije que no y sonreí: estaban comportándose como niños modelo -aunque en realidad lo son- porque creían que me salvaban de algo. Les pregunté que si lo hacían por mí y dijeron que sí y que al que se metiera conmigo le pegaban y que si a mí un día me corrían ellos protestaban. “Ah, tengo corazón de pollo”, dije, con los ojitos aguados. “¿No que tenía riñón?”, dijo uno. “Bueno, pues tengo riñón de pollo…”
Por los pasillos, todos los días, me encuentro a mis ex alumnos. Me acuerdo de todos, de cómo llegaron, de cómo son ahora… Al final, uno no puede evitar quererlos. Digo eso y los chicos de mi grupo más desastroso preguntan: “¿hasta a nosotros?” “Sí, hasta a ustedes”, respondo sonriendo. “Abrazo grupal”, sugiere uno. Yo me pongo seria, bajo la vista y sigo corrigiendo sus escritos.

Love, actually

Septiembre 23, 2008 at 1:34 am | In Películas que veo sola | Leave a Comment
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Tenía ganas, desde hace tiempo, de escribir algo sobre esta película, pero por alguna razón no lo había hecho. Este fin de semana la comenté con alguien y recordé por qué me parece que es algo más que una chick flick.

Aunque no me gustaría caer en el lugar común, es necesario decir que detrás de ella están las manos expertas de los creadores de algunas de las más destacadas piezas de este género. Al frente, un elenco infalible: Hugh Grant, Liam Neeson, Rowan Atkinson, Emma Thompson, Alan Rickman, Keira Knightley y mi dream crush -o uno de ellos-: Colin Firth. Además, como para que no hubiera pierde, la trama es múltiple, y abarca todas -o casi todas las gamas del amor-: las relaciones entre esposos, padrastro e hijastro, jefe y empleada, amigos y hermanos son observadas en un periodo singular del año: Navidad. La fórmula suena obvia, pero se resuelve con inteligencia: la película está bien escrita, no cae en resoluciones tan predecibles (al menos no en todos los casos). A esto se le suma un humor sutil y un soundtrack elegido con precisión.
Como buena película comercial tiene sus bien intencionados momentos memorables: en una boda, como parte de una sorpresa, el groom’s best man esconde a una pequeña banda entre los invitados para que interpreten una sencilla pero conmovedora versión de “All you need is love”; una esposa decepcionada recibe como regalo -y revelación- un disco de Joni Mitchell, y sus lágrimas son precedidas por algunos encuadres de las fotos matrimoniales que decoran su casa, con “Both sides now” como música de fondo; un tímido escritor novato rebasa las barreras del idioma y declara su amor, en un pésimo portugués, a una sencilla muchacha que, en el fondo, no necesitaba oír lo que ya sabía; un joven confiesa sus sentimientos a la última persona en el mundo a la que -se supone- debería amar, mediante una estrategia tierna, torpe y lacrimógena… Love, actually es una película cursi, pero su intención es esa, y a pesar de ello no ofende nuestra inteligencia. Todos necesitamos algo para ver el 25 de diciembre, mientras comemos el recalentado. El candor bien dosificado siempre es una buena opción.
P.D.: ¿No sienten en el aire que ya va a ser Navidad? Hoy caminaba hacia casa y en el aire frío y el color de la ropa de la gente pude percibirlo. Me encanta esperar la Navidad, aunque ese día no siempre sea tan alegre.

Guardián postergado

Septiembre 22, 2008 at 4:32 am | In Papel que habla | Leave a Comment
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Esta es la tercera vez que me siento a escribir esta entrada sobre una novela que releo: El guardián entre el centeno. Todas las veces me he encontrado en situaciones diferentes: en el trabajo, intentando matar el tiempo; en la cama, tratando de recuperar mi mente después de cederla a un instante que duró horas; ahora estoy en mi cuarto, oyendo al Cigala y fumando el último cigarro de hoy. Lo verdaderamente curioso es que en las tres ocasiones he querido decir algo distinto: la primera vez iba a llamar la atención en la íntima sinceridad del protagonista, narrador de su propia historia, quien observa el mundo con desenfado pero también con emoción. Iba a centrar mi comentario en esos recuerdos que de pronto lo invaden, en la representación del dolor personal que se traduce en una catástrofe de ventanas rotas, de vidrios enterrados en las manos destructoras, vehículo de la furia que produce perder a un hermano. Quería decir que me conmovió el relato de un joven que busca escapar y bebe y fuma, y luego va al parque a buscar a su hermanita menor, porque es la única persona con la que estaría dispuesto a hablar por horas, la única en el mundo a quien no tilda de falsa. Da miedo la falsedad, asusta la mentira, eso quería decir yo la primera vez que intenté este post.
La segunda vez iba a hablar del cambio de percepciones que puede suscitarse entre una lectura y otra, cuando han pasado suficientes años, cuando han ocurrido tantas cosas. Cuando conocí la novela me impresionó la dureza de las palabras, la honestidad en bruto. Ahora encuentro los defectos de la traducción, la repetición que resta fuerza al discurso, los lugares comunes… Sin embargo, ahora me emociona más, quién sabe por qué; será que a los doce años no había visto aún mi tristeza o no sabía reconocerla en un libro.
Esta vez saco el libro de mi bolsa y me vienen a la mente frases concretas. Elegimos los libros en determinados momentos por una especie de consonancia inconsciente. O a veces los libros nos encuentran porque tienen que golpearnos en ese momento, de alguna manera, por una razón que no siempre alcanzamos a reconocer. En El guardián entre el centeno me reconocí en el viejo profesor que se esfuerza tanto por entender a su alumno que no logra entender nada. Me vi también en los juicios del personaje, que está tan hastiado de todo que se deprime viendo a la ventana, porque de pronto se siente tan solo que casi desea estar muerto. Me encontré también en su renacer súbito, producido por el recuerdo de sus hermanos, o por la sorpresa que le produce una voz infantil que canta, en la calle una tonada graciosa. Este frágil temperamento no entiende el sexo, rompe sus propias reglas, se siente asqueado ante la superficialidad de unas turistas que buscan ver estrellas de cine, pero de pronto genera frases de peculiar lucidez, o quizá de genuina inocencia: “Maldito dinero. Siempre acaba amargándote la vida”; “para conocer a una chica no hace falta demasiado sexo”; “no cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen acabarán echando de menos a todo el mundo”
Admito que es una novela adolescente, que no es un clásico, que ha sido prohibida y recomendada por los centros educativos norteamericanos… No me concentraré ahora en sus debilidades ni en sus circunstancias, quizá el comentario crítico sea el que deba posponer. Ahora sólo quería decir estas cosas, dispersas, ingenuas… El análisis debe postergarse, siempre, en favor del comentario emocionado.

El amor acaba

Septiembre 21, 2008 at 4:32 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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con la paciencia de cualquiera. Un día despiertas y es difícil recordar dónde estaba el sentimiento. Escuchas un leve quejido: ahí está, muriendo lentamente. Alguien más lo mira y dice: “déjalo que muera, estorba…” Habrá que matarlo, para que no sufra.
Yo misma estoy cansada de todo esto. Las rutinas, aunque exijan toda mi concentración, me aburren. Estoy aburrida de despedirme y no poder irme, de quedarme y tampoco encontrar.
Mauricio Beuchot decía que se puede acumular saber y sentirse vacío, que se puede acumular dinero y sentirse vacío. “Sólo el amor llena”, enfatizaba, y es verdad. No el placer, no la compañía, sólo el amor. Y cada vez que siento tu espalda contra mi espalda siento que se prolonga un “ainda”, que el tiempo ya no va a ninguna parte.
El amor se agota pero, ¿dónde se pone todo lo demás?

Día siguiente

Septiembre 20, 2008 at 5:17 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Mi padrino es mujeriego, desmadroso y presumido, pero también es un hombre muy sabio. Me ha dado algunas de las respuestas más simples y verdaderas de mi vida. A veces las recicla, de modo que, cuando estoy triste e indecisa, cuando lloro porque no sé qué hacer, mi padrino me mira con amor y me dice: escucha a tu corazón.
Anoche todo estaba listo para una despedida, pero cuando al fin iba a concretarse me dio un vuelco el corazón. Supe con certeza que no estaba haciendo lo correcto, así que le di vuelta al reloj de arena y, cuando todo terminaba, volví al principio.
Hoy desperté y tuve la certeza de que hice lo mejor, no porque sepa en qué va a parar el cuento, sino porque cuando abrí los ojos, antes de pensar en cualquier cosa, me di cuenta de que todo se sentía bien. Me levanté, tomé café, comencé a trabajar… Todo está en orden. Y la moraleja es que para estar en paz hay que escuchar al corazón.

Enamorado

Septiembre 19, 2008 at 9:34 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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Lo encontré: un hombre enamorado. No de mí, claro, pero algo es algo…

Lo más curioso de todo es que lo vi en una reunión en el Cova, y dijo que no sabía lo que sentía. Ahora suena muy seguro y dice estar dispuesto a todo. Recuerdo que alguien le dijo que si la mujer no la hacía de pedo, alguien tenía que hacerla de pedo, y que él únicamente estaba cumpliendo con ese papel. Al parecer era cierto… Ojalá ahora corra con suerte, y no haya pasado ya la hora astrosa, el instante mágico en el que todo era posible, pero que es eso: un instante.
(También me llama la atención que las revelaciones se relacionen tan de cerca con los malestares físicos. Debería inventarse un género bloguero llamado “revelaciones de hospital” o algo semejante.)

La ruta del blog

Septiembre 19, 2008 at 6:19 pm | In Uncategorized | Leave a Comment
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El otro día una alumna me preguntó qué blog le recomendaba leer. Creo que hay blogs para todas las necesidades, pero sin dudarlo le conteste que el del Rufián era la opción. Semanas después me dijo que le había gustado mucho y lo recomendó a su compañera de atrás -que también me lee a mí-.
Nunca he entendido bien cómo funciona la blogósfera: uno pensaría que hay millones y millones de blogueros, y en realidad los hay, pero de alguna manera, siempre que me han presentado a alguno o me han comentado que escribe bien, digo: “sí, le he leído”. Quizá es que uno sigue el caminito sin apartarse demasiado de casa, es decir, lee los blogs que están linkeados en los blogs de gente que uno conoce. También puede ser que sea cierto aquello de “Dios los hace y ellos se juntan”…
Terminé de escribir la frase anterior y pensé en mi lista de blogs. Los autores son personas que conozco a través de este medio, excepto en tres casos: a Zambomba lo conocí en la carrera, al Rufián a través de otra persona, a Pedro desde que éramos niños… Al resto, por medio de una red social -como al Koyote o Daniel Krauze-, a través de los comentarios que dejaban en mi blog, o en una reunión de blogueros, lo cual tampoco es un medio precisamente natural para hacer amistades.
Si el azar tiene esquinas o es redondo es lo de menos, la computadora ha hecho que el mundo nos quepa en el escritorio y nos ha rodeado de gente virtual, que a veces traspasa el monitor para entrar en nuestra vida. Sigan el camino que van marcando los links, uno nunca sabe qué sorpresas nos depara el destino, ni por qué vía llegarán.

Bajada

Septiembre 19, 2008 at 2:31 am | In Uncategorized | Leave a Comment
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“Lo difícil es subir, de bajada todos los santos ayudan”, eso se dice en Cuba cuando hay muchas escaleras, pero hoy que lo recordé deseé que se aplicara a la vida misma.
El día de hoy fue muy raro. Todo parecía normal, pero cuando terminé de hacer una llamada telefónica caí otra vez en la dimensión desconocida: abordé el camión que tomo comúnmente, pero en vez de tardar cuarenta minutos en llegar a mi casa, me demoré tres horas, debido a una marcha, una desviación y sus respectivas consecuencias. Fueron tres horas eternas, con la desesperación de querer salir del tráfico pero a la vez no querer hacer nada. Sólo dejé pasar el tiempo y solté mi prisa de llegar. El Muñeco me habló justo cuando en mis audífonos Marisa Monte cantaba “uma vez eu tive uma ilusao e nao soube que fazer com ela, e ela se foi, ¿por que a deixei, por que a deixei? Nao sei, eu só sei que ela se foi…” Hablamos bastante rato, pero mi teléfono perdió la señal. Comenzó una lluvia breve y me dio una tristeza que no se podía llorar, que era como un hueco en el centro del pecho. Y en ese momento mandé todo al diablo. Voy a estirar las manos hasta donde pueda, pensé, porque estoy cansada y harta. Pero la distancia es un catalizador poderoso, que nos hace más vívida la sensación de lo que nos falta. Aún me siento en una caída que no cesa, pero es un buen pretexto para recibir amor. Mis alumnos me ven triste y me pegan notitas en el escritorio, pidiéndome que sea feliz. Me compro un café porque me lo merezco, porque merezco que algo me alegre el día. El chico que diario me cobra en la cafetería me pregunta si estoy bien, pregunta cómo sigo, pregunta si voy a regresar más al ratito a comer, como siempre. Y el Muñeco mismo no dice que sabe cómo me siento, pero me pregunta si ya terminé mi canción y me da consejos, y hace apuestas que sabe que no tienen sentido. Elegí querer a alguien que yo sabía que nunca me correspondería. Cuando lo hice no sabía por qué y ahora lo entiendo mucho menos, pero qué importa, de cualquier forma antes de darme cuenta ya lo estaba queriendo y después me dejé caer porque no pude evitarlo…
Estoy en mi cama, mientras escribo fumo. Hace un momento salí a comprar otro café y, mientras caminaba en la calle oscura, recordé cómo se sentía hacer eso durante los primeros días de vivir sola, hace ya tres años. Fue una sensación extraña. Pagué el café. Entré a mi cuarto y me vi delante de Obba, mi mamá. Toqué la campana para saludarla y hablar con ella. Recordé que lo había hecho otras veces, cuando estaba comprometida con Nelsito: hablaba mucho con ella para pedirle que me alejara de él si ella sabía que ese matrimonio no era bueno para mí. Así lo hizo. Y cada vez que me enamoro le pido lo mismo: que me cuide como lo haría una madre, alejándome de quien no me quiere, encerrándome con siete llaves si es necesario. Toqué la campana y recé. No pude evitar llorar. Me asomé en el secreto de Oshun y vi mi anillo de compromiso. De bajada todos los santos ayudan. Ojalá sea cierto, ojalá por favor.
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