Cadillacs
Octubre 30, 2008 at 4:51 pm | In Ver, oír y postear | Leave a CommentHoy recibí un mensaje de René que más bien parecía citatorio de tribunal o algo así: “el miércoles vamos a ver a Los Cadillacs ya tengo tu boleto”. No podría decir que soy fanática, pero la banda argentina fue muy significativa durante mis etapas prepas y, obviamente, durante las fiestas de la universidad, pues nunca faltaba quien -en la nostalgia- programara alguna rola de ellos. La banda artesana de Acatlán tocaba con tamborcitos la rola esa que tanto me gusta y que siempre wawasheo: “voy a tomar por vos, washa washa washa washa wa…” Pensé en eso y le respondí a René que me voy a poner a practicar a ver si ya me aprendo la canción.
Todas las rolas de los Cadillacs que me gustan me recuerdan una fiesta llena de amigos que no volví a ver. Seguro estar ahí y verlos hacer música será toda una experiencia. En una de esas me vuelvo fan, jeje. Ya estoy divagando… El post era ése: voy a ver a los Cadillacs, ahora envídienme.
Botón
Octubre 30, 2008 at 12:24 am | In Mente adentro | 1 CommentSiempre he amado esa palabra y el objeto que nombra. De niña quise una muñeca de trapo con pelo de estambre y ojitos de botón. Hoy vi en la calle a un hombre usando un saco de mujer, y lo supe por la colocación de los botones (eso me lo enseñó mi papá hace muchos años). La voz de una persona está apenas a diez botones de distancia. Las letras que pongo aquí llegan a ustedes a través de golpecitos continuados a un racimo de botones. Hoy quisiera ser un botón de su camisa y escuchar de cerquita su corazón.
Seda y el deseo de lo que nunca se tendrá
Octubre 28, 2008 at 11:47 am | In Papel que habla | Leave a CommentLos portugueses tienen una palabra tan exacta que es difícil de traducir: saudade. Lo más cercano que se puede decir para definirla es que se trata de la añoranza que se siente por algo cuya existencia se conoce, pero cuya llegada o regreso es incierto. De hecho, es quizá la propia incertidumbre lo que mantiene vivo el deseo y genera la nostalgia. Lo recordé cuando leía Seda, pues el dolor del personaje se relaciona con el agudo deseo de algo que presiente suyo, pero supone imposible.
Esta novela me causó una impresión tan extraña que me cuesta trabajo escribir este post. No sé si podría decir que se trata de una novela propositiva o novedosa, pero sí puedo afirmar que es contundente, aunque el efecto final se sustente en un recurso que no es nuevo, señalado por Aristóteles hace siglos: la anagnórisis o revelación. El efecto trágico puede producirse, dice el filósofo, por el repentino conocimiento de algo que se ignoraba y que cambia totalmente el sentido de la existencia.
Creo que Baricco aprovecha bien lo anterior. Durante noventa páginas construye una lenta obsesión que hace a un hombre ir y volver de Francia a Japón, con el pretexto de una necesidad comercial. El tibio se convierte en decidido al calor de este discreto arrebato. Asistimos al desarrollo de una pasión silenciosa e inexplicable y vivimos, con el protagonista, en los dos mundos: en el apacible pueblo francés en que lo espera pacientemente su esposa y en el misterioso oriente, ajeno y, quizá por eso mismo, atrayente.
Durante esas noventa páginas, el autor cuida que los capítulos sean breves, que la prosa mantenga cierto ritmo, que las acciones y sus contextos se describan de manera parcial. Sin embargo, la poca información que se nos brinda es suficiente para construir el resto, en sinécdoque lograda que añade intensidad. Esa construcción cuidadosa de la expresión sugerida es lo que hace tan conmovedora la sensación final: la revelación nos ayuda a reunir las partes, a entender por qué, a completar el cuadro, a leer lo que no está escrito, a reunirnos con el personaje en el revés de la obsesión (o en su reflejo). El narrador adoptó siempre el punto de vista del protagonista y sugirió apenas el del resto de los actantes; en el desenlace se cambia de foco y padecemos junto con el caracter central la desgracia de ver desde fuera de sí mismo. ¿Es ésta una historia de amor? Sí, de la desgracia de desearlo cuando se encuentra lejos o, mejor dicho, de no saber encontrarlo cerca.
Aquí y en otra parte
Octubre 27, 2008 at 5:56 pm | In Mente adentro | 1 CommentPienso en un sissone: ese salto que parte de la tercera posición de ballet y semeja un vuelo ligero, con una pierna que mantiene el eje mientras la otra se extiende hacia un lado. Últimamente ha ido saltando los días, con un pie aquí y otro en otra parte.
Hoy cruzaba Insurgentes, camino a casa, y recordé los días en que apenas había llegado a vivir a esta ciudad. La amé en ese instante tan intensamente como entonces, cuando todo significaba libertad y esperanza. No puedo creer que lleve apenas dos años y medio transitando estas calles, escuchando estos sonidos, caminando con calma o con prisa por estos lugares. Aquí todo me inspira y me recrea, todo me desafía: la ciudad me hizo enfrentarme a mí y salir fortalecida de la batalla.
Pensaba irme por un tiempo, en vacaciones. Ahora creo que quiero disfrutar cada día libre en este sitio. Quiero ver a los amigos que he hecho aquí, y reírme con ellos, y frecuentar sus lugares -que yo no he sabido hacer míos-, y llevarlos a los rincones donde yo siento la ciudad como propia.
Pensaba en un sissone… Un salto hermoso, discreto, un vuelo tan bajo o alto como se requiera. Lo imaginaba y de pronto pensé que el cuerpo sabe más que nosotros sobre la vida: sabe que se necesita fuerza y flexibilidad, vigor y ligereza, placer y dolor. El cuerpo sabe ponerse cómodo, sabe resistir, sabe que salud y enfermedad son sólo fases… Entenderemos la vida cuando descifremos todos los mensajes del cuerpo.
Pienso en un sissone: con un salto ligero quiero comenzar el vuelo. Un sissone es un salto sencillo, con un pie aquí y uno en otra parte. Sin embargo, para tomar impulso se necesitan los dos pies firmes, bien colocados. Un pie llega al piso antes, el otro lo alcanza después. Para caer se necesita tocar el suelo con los dedos primero y luego depositar el resto de la planta. Si no se parte de una posición estable, o si no se regresa al suelo adecuadamente, uno puede perder la fuerza, torcerse un tobillo y caer. Me planto firmemente el suelo, equilibrando el peso en mis dos pies, respiro profundo y creo que estoy lista para volar.
Desenlace (con anagnórisis)
Octubre 27, 2008 at 10:29 am | In Mente adentro, Tripas y corazón | Leave a CommentBjörk dice que todo está lleno de amor, aunque no venga de las fuentes donde uno vertió el suyo, o desde la dirección a la que uno está mirando, pero está alrededor y hay que confiar en eso.
Anoche estaba desmoralizada, y me sentía asustada y sola. La gente “cercana” parecía más distante que nunca. Y entonces decidí pedir ayuda sin esperar una respuesta. Para mi sorpresa, la respuesta llegó desde la última dirección a la que hubiera mirado buscándola, pero que resultó ser el único recurso.
El amor tiene muchos componentes. El que yo siento por Mario, más allá de la infatuación, se relaciona con algo que no encuentro en otra parte: el sentir al otro simplemente como humano. Muchas veces sentí el impulso de cuidarlo, no porque salía con él, simplemente porque lo amaba como humano. Y le conté muchas cosas que no había dicho a nadie, como por ejemplo el temor que a veces me da estar en el mundo, o lo que se siente a veces cuando miro dentro de mí.
Ese amor meramente humano rindió sus frutos. En el Roman du Graal, Gauvain no sabe su nombre ni su misión, pero los adivina de pronto, cuando ya está en el principio del camino. Lo mismo sucedió anoche con Mario: anoche se me reveló que nunca fue Mario, sino que es simplemente alguien que apareció en mi camino en este momento por una razón -o muchas-: para ayudarme a aprender cosas, para acompañarme, para alentarme y, sobre todo, para darme amor, quizá no el que yo esperaba pero sí el que necesito. Ése es el final de la película. Ahora Mario ya no es Mario, sino una persona cercana, y quizá lo que comienza es otra cosa, algo que rebasa mi imaginación.
Mami
Octubre 26, 2008 at 4:10 pm | In La sangre pesa más que el agua, Mente adentro | 1 CommentMi mamá y yo tenemos una relación extraña. No es como de madre e hija. Lo noté ayer que estuve de visita en casa de una mamá que no tiene ni una foto mía, que no se inmuta cuando le digo lo que va a suceder (aunque ello signifique que me verá menos) y que, cuando le digo que necesito alojamiento para diciembre y enero, me dice, sorprendida: ¿y te quieres venir aquí?
En realidad ella nunca ha sido muy mi mamá. Nunca la vi como una figura protectora, ni nada semejante. Pero eso sí, es sabia, y da muy buenos consejos y hace observaciones puntuales. Ayer, cuando le conté toda la historia de Mario me dijo que aplaudía mi decisión, porque había mantenido mi dignidad, pero que no había sido la mejor manera de hacerlo. “En el pedir está el dar”, dijo. También dijo que hay cosas que no tienen remedio y otras que se arreglan solas, con el tiempo. Dijo, finalmente, algo cierto que yo tenía olvidado: a veces perdiendo se gana, y los sufrimientos de hoy se convertirán en bendiciones mañana. Suena feo, pero es cierto. Y hoy me siento mejor.
Ayer me di cuenta de que estoy fuera de la vida de mi mamá y de mi hermana. Quizá desde hace tiempo. Y me sentí libre. Es un buen principio para lo que se avecina. También noté que lo mejor fue que Mario se fuera. Mi mamá me lo dijo también: si se hubiera quedado, de todas formas vas a “morir”, ¿no? Le dije que sí.
(Me refiero a una muerte simbólica, favor de no entrar en pánico, aunque sí la estoy preparando como si fuera muerte muerte)
Creo que me hizo bien visitar a mi mamá, aunque ya no es lo mismo de antes. Pero, en fin, es que ya nada va a ser lo mismo de antes.
Pasatiempo
Octubre 25, 2008 at 3:32 pm | In Anecdotario, Mente adentro, Tripas y corazón | 3 CommentsVine a ver a mi mamà. Hace un mes que se mudò y yo no conocìa su casa, asì que tuve que buscarla segùn las señas que mi hermano me dio de ella. Lleguè: me asomè por la ventana y reconocì la sopera de Yemayà y unas fotos de mi hermana. A lo lejos, mi librero, con mis libros. No habìa nadie. Ahora estoy en un cafè intertet, publicando esta entrada, porque un trayecto tan largo en camiòn da para pensar en muchas y muy variadas cosas.
Lo primero que se me ocurriò hoy, mientras venìa para acà, fue que hace seis años justos yo estaba sufriendo mucho porque un dìa, de manera inesperada, Santi me dijo adiòs porque “no podìa quererme”. A los pocos dìas, durante mi clase de danza, me lesionè: un nervio quedò atrapado entre dos vèrtebras, asì que tuve que dejar de bailar durante un tiempo. Justamente esa semana mi mamà se fue a Cuba por primera vez, a celebrar el cumpleaños de mi tìa Mariatè. A partir de ese momento se me revolucionò la vida: meses despuès Santiago y yo volvimos a hablar, y retomamos una amistad con ciertos contratiempos. En marzo siguiente mi mamà se hizo santo, en junio yo conocì a Nelson, en diciembre regresè a la Habana a hacerme santo yo tambièn, en enero Santiago regresò de su gira por Europa para decir que siempre pudo quererme, pero que se dio cuenta tarde. Y en verdad era tarde: yo ya estaba con Nelson, desde ese diciembre de hace cinco años, cuando mi vida cambiò por completo.
Recuerdo que despuès de lo de Santi y la lesiòn iniciò el periodo màs rebelde de mi historia. Estaba enojada por haberlo hecho todo bien y que todo se hubiera derramado: despuès de meses de ensayo no pude bailar en las presentaciones para las que me habìa preparado tanto. Despuès de tanta distancia, y tan poco tiempo, y tanto entendernos y querernos bien, Santi decìa que no, y derramaba nuestra historia para siempre. Me sentì obviada, desperdiciada, y me tirè a la perdiciòn. En serio. Para mì cada semana era obligatorio estar en el famoso “Tercio”, el lugar donde nos vendìan cerveza clandestinamente a los estudiantes de la ENEP (cuando entrè a la carrera era el patio de un casa en obra negra; cuando salì habìan terminado dos pisos, le habìan arreglado y pintado toda la fachada, los pisos de la casa tenìan azulejo y en el techo se reconocìa la antena de Sky… mal negocio no era). Durante esa etapa dos chicos se enamoraron de mì. Ambos me quisieron mucho, me procuraron. Uno me dio el cumpleaños màs feliz de toda mi vida. Pero yo estaba tan llena de enojo y toda esa porquerìa que no supe valorarlos. Los lastimè mucho. Los obviè y los desperdiciè.
En junio conocì a Nelson, durante mi primer consagraciòn religiosa. La recibimos juntos, de hecho, y a mì todo eso me vino tan bien que decidì coronar en diciembre. Preparè el viaje con cuidado, fui reuniendo mis cosas; mientras màs se acercaba la fecha yo me ponìa màs inquieta, pues sentìa como si me fuera a morir. Lo digo honestamente: era esa misma certeza que debe tener alguien cuando tiene un infarto, pero la mìa se prolongaba durante semanas, y yo, consecuentemente, empecè a actuar conforme a ella. Por eso regalè todos mis perfumes y mis joyitas. Sentìa urgencia por ver a ciertas personas y despedirme. Me decìan que sòlo me iba un par de semanas, pero yo ya sabìa que no regresarìa nunca.
Y no regresè. Es decir, sì lo hice, pero ya no era la misma. Cuando volvì ya andaba con Nelson, y las reconsideraciones de Santi no significaron nada en ese momento. Como yo no supe decidir, la vida decidiò por mì, y me puso en un camino que tuve que transitar, del que volvì completamente transformada.
Todo esto lo pensaba porque hay muchos elementos coincidentes en este momento de mi vida. Sufro por alguien que no me pudo querer (lo reconozco, le pedì de queso y èl sòlo tenìa de papa, no fue culpa de nadie que me diera calabazas, jajaja, eso era lo que habìa, aunque no lo que yo querìa), pasè por una etapa de enfermedades y malestares que aùn estoy resintiendo, se anuncian cambios en muchos sentidos y otra vez siento esa sensaciòn de que muchos no me volveràn a ver. Tengo prisa por culminar ciertos pendientes, como si me fuera a morir otra vez.
Quizà es eso. Quizà empieza otro viaje de los que lo convierten a uno en otra cosa. Suena emocionante pero tambièn da miedo. Pienso que he pasado mi vida tejiendo larvas y luego aprendiendo a volar de nuevas maneras. Puedo separar cada etapa de mi biografìa con claridad: cuando se fue mi mamà la vida me cambiò, cuando volvì a vivir con ella ni ella ni yo èramos las mismas, cuando entrè a la universidad aprendì otras formas de felicidad -y de infelicidad, porque nunca la alegrìa viene por separado-, cuando dejè la danza (y a Santi) volvì a perder la esperanza y me arrojè al precipicio, cuando me hice santo encontrè el centro, cuando muriò mi papà lo perdì de nuevo, cuando terminè con Nelson me rompì por completo. Ahora me doy cuenta de que los cachitos que creìa haber pegado no estaban suficientemente fijos. Sigo en reparaciòn. Y creo que el resultado de esta nueva fase lo conoceremos en junio del año pròximo. A los que han llegado conmigo hasta aquì, tendrè que decirles adiòs. A los que estàn destinados a seguir conmigo, incluso despuès, serà un placer volver a conocerlos.
Y todo esto dije para pasar el tiempo… Fui un rato al pasado, fui un rato al futuro. Vuelvo ahora al presente, a ver si ya llegò mi mamà.
…
Octubre 25, 2008 at 10:21 am | In Tripas y corazón | Leave a CommentDecía una profesora de Filología que nunca se deben tomar decisiones ni muy enojada ni muy contenta, porque se suelen cometer errores garrafales. Eso debería aplicar también para la tristeza. Y tampoco se deberían escribir posts ni muy enojada ni muy contenta ni muy triste. Pero lo estoy haciendo.
En este momento estoy haciendo los planes y poniendo en papel lo que se avecina. Y ya puesto en hechos, no se ve tan fácil. Me asusté. Navego por internet para distraerme, leo un blog y lloro. Lloro porque de pronto sé que cuando me vaya no habrá quien me extrañe y cuando vuelva no habrá quien me reciba. No habrá quien espere mi regreso durante meses. Pero siempre habrá alguien que lo haga todo a escondidas.
¿Por qué, entonces, quiero hablar contigo? ¿Por qué te necesito a ti? Ese misterio quizá me lo explique el tiempo, mientras tanto quisiera llamarte y pedirte que me escuches esta vez. Quizá hay quien me escucha mejor, pero mi corazón se desperdicia contigo.
El deseo y la realidad
Octubre 24, 2008 at 6:31 pm | In Tripas y corazón | Leave a CommentDice el Muñe que la primera semana es la más pesada. Le creo: la he sufrido, he estado de malas, he llorado todos los días… A veces todo me ha parecido absurdo, a veces todo me parece normal.
Y todo esto sigue siendo acerca de Mario. Hoy desearía verlo, hablar con él sobre muchas cosas, me gustaría que me ayudara a preparar lo que viene, que me aconsejara, que no me dejara tener miedo y me alentara a seguir. Ahora lo necesito yo y ya no está.
Anoche platicaba con Camilo que, si pudiera escribir la historia a mi antojo, el final de la película sería que él me escribiera un correo, que yo le contestara y que se iniciara un contacto constante por ese medio. Tengo miedo de que todos los cambios que vienen se lo lleven en definitiva…
La realidad es otra: no creo que él se acuerde de mí. Es más, quizá vive mi ausencia con alivio. Yo lo extraño aunque no debiera y sin que él lo necesite, pero no puedo evitarlo. Hoy me pregunto cómo será estar del otro lado del mundo y saber que nadie, ni cerca ni lejos, piensa ni un minuto en ti, que nadie te necesita para sentirse contento. Hoy sé lo que es estar a una llamada de distancia y saber que no me llamará.
Me pregunto por qué lo sigo queriendo, por qué lo sigo esperando, para qué lo estoy extrañando y, sobre todo, hasta cuándo. Dice el Muñe que cualquiera aguanta dos semanas sin algo: sin fumar, sin tomar, a dieta, pero que después ya no es tan fácil. ¿Eso quiere decir que esto se pone peor? Necesitaré ayuda…
Post de requisito
Octubre 23, 2008 at 6:36 pm | In Papel que habla | 3 CommentsVoy a escribir un post pronto, pero antes de eso me gustaría que leyeran el siguiente poema de Enrique González Rojo. Y el que no lo lea, ¡a la fosa! Jujuju. (Chiste ñoño, el requisito para entenderlo es leer Ubu Rey.)
Penélope
Digámoslo: Penélope no se queda en la casa.
No permanece aquí para cuidar la hortaliza.
Para lavar la cara sucia de los pepinos
peinar a los elotes. plancharle a las lechugas
los puños y los cuellos. No se queda, en la casa,
al frente de la escoba que al moverse reparte
un infarto en cada uno de los granos de polvo.
No teje la calceta de su matar el tiempo.
No le zurce a la ropa sus corrientes de frío.
No se halla en la cocina todo el día incrustada
mirando cómo hierve poco a poco su tedio,
probando a qué le sabe su propia servidumbre
cuando el dedo le pasa su información al gusto,
ordeñándole rayos de sol a las naranjas,
tomando de la mano diferentes sabores
que van, endomingados, a ornamentar la mesa.
No aletea, pelando cebollas y recuerdos,
el pañuelo custodio. No lava los pañales.
No cuelga en un alambre la exposición completa
de todo su fastido, frustración, amargura,
encarnado en manteles, calcetines, calzones
“y camisas que lloran lentas lágrimas sucias”.
No teje una promesa que desteje en la noche
como el flujo y reflujo de un océano de estambre
en que está a la deriva su destino acosado
por la piel pretendiente. No se entierra en la casa.
También sale de viaje. También forja su propia
odisea Penélope. No se queda en la casa.
Se va haciendo camino. Pisa distintas piedras.
Halla flores e insectos que aún no tienen nombre,
que escapan a las fauces de todo diccionario.
Acumula países, aventuras, crepúsculos.
Con su experiencia al hombro va adelante Penélope.
Es cierto que en el viaje, me vive en su conciencia
como yo me le adentro también en el espíritu:
en verdad mi equipaje tiene excedido el peso
por cargar sus caricias, sus ojos, su memoria.
Pero nos separamos. Con un mapa distinto
cada quien en los dedos. En barcos diferentes
que ni una sola gota del mismo mar comparten.
Digámoslo: Penélope no se queda en casa.
(Porque la moderna Penélope viaja. O espera escribiendo en su blog por la mañana y borrando lo escrito por la noche, excusándose con tejidos de letras ante los múltiples o escasos pretendientes).
Cinismo
Octubre 23, 2008 at 1:38 pm | In Mente adentro | Leave a CommentTengo un ataque de cinismo. El manojo de ideales que he sostenido durante mi vida no tiene tanto sentido en este momento. Muchas de las cosas que creía hace apenas un año no significan nada hoy.
Por ejemplo, no creo que nadie cambie la vida de nadie. Creo que uno puede coincidir en un tiempo y lugar con otra gente, y esa gente finge que te comprende, pero cuando se separan, cada quien sigue viviendo como sabe hacerlo o como puede. Esta es la verdad, para quien quiera aceptarla.
Tampoco creo ya en el amor que significa entrega, lealtad y compañerismo. Todo se reduce a la infatuación. Cuando eso pasa uno se va y no vuelve ni por los recuerdos.
No creo en la amistad que significa querer a alguien tanto como a uno mismo. Creo que todos queremos a nuestros amigos como una manera de querernos a nosotros mismos. No hay nadie que acepte que lo anterior es cierto. En eso somos todos iguales: el amor propio es, sin duda, el que más discreción exige.
Hoy se me agotó la esperanza, debido a un suceso tan mínimo que ni siquiera voy a relatarlo. Sólo diré que gracias a él vi con claridad cómo uno se decepciona a sí mismo, cómo todo el mundo finge convicciones a placer, cómo quien dijo querernos nos olvida cuando ya no somos útiles y cómo, una vez que nos damos cuenta de todo esto, los ojos se nos bañan de unas lágrimas distintas y no volvemos a ver el mundo igual. Ningún destino vale dar la vida entera, ni siquiera el de uno mismo. Entonces, creer o no creer, ¿qué más da?
Cierre
Octubre 22, 2008 at 10:36 pm | In Mente adentro | Leave a CommentDesde hace un mes aproximadamente, la vida se puso rara. Me enfermé, viví lo más dulce del amor justo antes de que se terminara, enfrenté algún contratiempo y ahora surgen dos o tres oportunidades totalmente inesperadas pero muy interesantes. Debido a todas estas situaciones juntas, y gracias a los efectos que generaron en el interior de mi cerebro, me encuentro en un momento importante: el de cerrar. Todo me orilla a la clausura de cosas: tengo que terminar la tesis, tengo que dejar dos o tres pendientes resueltos, tengo que cambiarme de casa (lo cual implica muchos pequeños cierrecitos), tengo que despedirme de ciertos hábitos, tengo que soltar los errores y los recuerdos, tengo que olvidar lo que no fue para dejar espacio a lo que sí está sucediendo. Todo esto antes de que termine diciembre.
Lo anterior es altamente salubre. Llevo pocos días en esto y ya siento los efectos de la limpieza: respiro con más soltura, todo se ve más bonito, camino ligera y ya no me enfermo más. Todo cierre es, por lógica, el principio de otra cosa. Esto va a ser interesante: la higienización es a gran escala y sé que después de ella no quedará mucha gente, es más, no quedará casi nadie. Eso me reconforta. Soy buena para empezar desde cero, es algo que me gusta hacer y tengo mucha práctica. Estoy atando todos los cabos sueltos de este año y el que viene ya se anuncia con vientos de renovación. Algo me dice que este blog pronto se va a poner bueno.
Vuelta de tuerca
Octubre 22, 2008 at 12:08 pm | In Uncategorized | 1 CommentLlevo días sin escribir porque he estado ocupada con cosas propias de mi oficio, como preparar clases, hacer exámenes y calificar. Además, estoy preparando un texto que entrará a un concurso y también me doy tiempo para comer sandwiches de queso Philadelphia y tomar juguitos locos.
Sin embargo, acaba de suceder algo hace un momento, algo digno de postearse pero que, al mismo tiempo, no se puede decir. Y es que recibí una propuesta. Una de esas propuestas que te cambian la vida, o quizá no la vida, pero sí todo el contexto alrededor. Por alguna razón estúpida, cuando me explicaron los términos lo primero que vino a mi mente fue: ¿y Mario? Pero de pronto recordé que Mario ya no está. Así que acepté.
Creo que no he sido clara ni he contado nada en realidad, pero prefiero irles soltando los detalles conforme vayan creciendo y desarrollándose.
Llorar
Octubre 19, 2008 at 9:40 pm | In Tripas y corazón | 2 CommentsTengo la profunda convicción de que el ser humano hace todo por olvidarse de que es animal, pero siempre sucede algo que lo retorna a su naturaleza. El llanto es uno de esos algos.
Creo que hace mucho no lloraba en serio y de tantas maneras. Admito que todo me saca las lágrimas: los concursos de la tele, las canciones, las películas. Y en muchas situaciones había tenido los ojos aguados. Pero ahora el llanto me rebasa, no lo puedo contener, y puede ser desde las sencillas gotas que ruedan tibias por el rostro hasta los sollozos y los gestos, el abrazarse a la almohada y esconderse bajo las sábanas para ocultar la emoción. Desde el viernes he estado llorando constantemente ante las cosas más simples: desde la mañana, cuando tuve que volver a ver la puerta de mi casa; durante el trayecto por Tlalpan, al ver el Holiday Inn… No tengo ni tantitas ganas de ir a C.U.
El llanto es triste, pero sana. Siempre fui de las personas que se ocultaban para llorar, pero esta vez no pienso hacerlo, porque me está saliendo de manera natural. Siento cómo de pronto la tristeza me invade, la percibo en todos mis poros, el aire se vuelve difícil de respirar y, sin darme cuenta, ya estoy llorando. Al hacerlo siento que sólo soy sincera. No lucho contra el dolor ni reprimo su proceso.
Todo esto me ha hecho pensar en muchas cosas. Creo que llevaba tiempo viviendo como por inercia: hacía las cosas de todos los días, resolvía mis problemas, pero no ponía real atención en la vida, en lo que realmente la compone: las personas, las miradas, los latidos cuando alguien te llama, las lágrimas cuando ya no está. Hoy, el dolor me recuerda que estoy viva; me he dado cuenta del error y de lo que me falta. Estoy en un principio difícil, pero necesario. Este viaje no admite compañía, al parecer.
Sueño
Octubre 19, 2008 at 10:16 am | In Mente adentro | Leave a CommentAnoche tuve el sueño más extraño. Hubo de todo: risas, llanto, recuerdos. Estaba en Cuba con la abuela Fina y conversábamos sobre cosas que pasaron antes: el día que tal o cual cosa. Pasaba por allí toda la familia, todos se sentaban un momento a conversar y a reír. De pronto, entraba mi mamá. Todos los demás salían. Mi mamá y yo nos quedábamos platicando en el comedor de la casa de Cárdenas; ella me decía cosas extrañas, inconexas, pero conmovedoras. Me recordaba la noche en que mi papá irrumpió en la casa donde mi hermano y yo vivíamos con mi mamá para hablar con nosotros, porque había decidido suicidarse cuando perdiera la vista por completo. Juan y yo no le creímos, pero lo escuchamos con cierta solemnidad, y él nos dijo un montón de cosas sobre la vida, consejos y recomendaciones como de huehuetlatolli, todos ellos sin relación alguna entre sí. En mi sueño mi mamá comenzaba a opinar sobre cosas y personas, como si ya no importara nada, como si se pudiera decir toda la verdad. Mi hermano entraba al comedor también. Estaba muy bien vestido y decía que iba a trabajar, que estaba trabajando. Yo le decía, con mucha preocupación: “Juan, no desperdicies esta oportunidad, aplícate”. Él se iba. Entonces Mario llamaba por teléfono; sonaba serio y frío, aún molesto (aún “convencido”) y decía que llamaba para contarme que el lunes tenía una cita muy importante, que representaba la oportunidad que él estaba esperando. Yo me alegraba y le deseaba suerte. Entonces él decía: “sí, está bien, sólo era eso”. Y colgaba. A mi alrededor se sentaban muchos niños y empezaban a jugar; yo jugaba con ellos y me reía. Alguien me servía una especie de pastel caliente, y yo me sentaba en un balcón a comerlo. Desde lejos me veía mi mamá, mi hermano volvía de la calle, todavía animado y elegante. Yo comía y empezaba a pensar en muchas cosas. Dentro del sueño me daba cuenta de que era un sueño y entendía que hace mucho tiempo no veo a la abuela Fina, ni a mi mamá ni a mi hermano. También sabía que Mario no había llamado y empezaba a llorar. Los niños me veían llorar y uno me preguntaba si recordaba el día que habíamos jugado con la pintura o algo así. Yo le decía que sí, sin dejar de llorar. Desperté con ganas de ver a mi mamá, de mandar un mensaje. No fue un sueño feo y aún así desperté triste.
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