Balance

Diciembre 30, 2008 at 1:42 pm | In Tripas y corazón | 5 Comments

Este año fue difícil para mucha gente. A mi alrededor vi a muchos amigos caer y -gracias a Dios- levantarse. El mundo en general parece al borde del colapso y, por si fuera poco, ya no se puede fumar en un bar.

Sin embargo, a pesar de todo, para mí fue un gran año. Recibí buenas noticias, tomé buenas decisiones, me despedí, me enamoré, conocí a mucha gente maravillosa, reencontré a amigos que significaron el mundo entero en determinados momentos y, por si fuera poco, mantuve los que ya tenía. No puedo recordar grandes tragedias, así que quizá debo agradecer también porque este año, por fin, aprendí a olvidar lo malo.

Tengo pocos propósitos para el año siguiente: escribir, cantar todos los días, mantenerme cerca aunque me encuentre lejos, rentar un departamento y cocinar en ollas rosas… No tengo grandes ambiciones: sólo quiero paz.

Deseo que toda la gente que colabora diariamente con mi felicidad encuentre siempre el equivalente, en mí si así lo quiere, en los demás cuando lo necesite. Deseo vivir a tiempo, llegar a tiempo, hablar a tiempo, callar a tiempo. Deseo que a ninguna de las personas que amo le falte la suerte necesaria, ni un motivo para estar alegre, ni la claridad en la mente, ni la pureza en el corazón. Creo que aquí se me terminan las palabras de este año, pero nos leemos el siguiente. 

 

Qué bello es vivir (después de moquear)

Diciembre 26, 2008 at 3:49 pm | In Películas que veo sola | 1 Comment

Hay clásicos tan clásicos que uno quisiera tener una tradición apropiada para vivirlos. Anoche, cuando terminé de ver It’s a wonderful life deseé no haberla visto con audífonos en mi lap, mientras mi mamá y mis hermanos veían Viento negro (WTF?). Esa película merecía que yo fuera la mamá de un niño que fuera a despertarme el 25 de diciembre por la mañana, para abrir los regalos mientras yo preparo un desayuno tan delicioso, permisivo y poco saludable que sólo se debiera preparar un día al año (en Navidad, por supuesto). Después de ese desayuno, año con año, mi hijo, mi esposo y yo deberíamos ver al buen Jimmy Stewart fracasando en todo, sólo para darse cuenta de que vale la pena estar vivo, por el simple hecho de esta vivo. Puede parecer un lugar común, pero hay lugares comunes que le pueden hacer el día a uno. “Quien tiene amigos nunca fracasará”, leía yo ayer, en el monitor, mientras moqueaba. De pronto recordé que la felicidad es personal, y me deseé feliz Navidad. It’s a wonderful life será mi tradición de este año en adelante, porque los milagros existen, aunque se me olvide a veces.

Navidad en fase (II)

Diciembre 25, 2008 at 2:36 pm | In Mente adentro | 1 Comment

Ayer en la tarde todo pintaba mal. Pues se puso peor: no cenamos, es más, ni siquiera hablamos, no hubo abrazo navideño… Cada quien se fue a dormir cuando quiso.

Mi hermana y yo nos quedamos despiertas un rato: ella miraba a través de la ventana a los vecinos, mientras ellos jugaban con luces de Bengala. Entonces comencé a llorar. Hoy en la mañana fuimos al supermercado: le compré juguetes, panqué, crema de avellana, mantequilla de maní… Nos reímos, y ella decía “qué rico” y yo le decía que sí. Por un momento pareció que era Navidad… Pero qué va, de vuelta a casa mi mamá se enojó por todo, dijo que era pecado, que eran muchos juguetes. En fin. Todo esto de las festividades no son más que patrañas. No existen los milagros, o no son para mí.

Navidad en fase

Diciembre 24, 2008 at 3:48 pm | In Mente adentro, Nostalgia, Tripas y corazón | 1 Comment

Anoche cometí el último error de este año: fui a que me leyeran el Tarot. Después de eso, caminé por las calles del que fue durante muchos años mi barrio, y vi que todo estaba distinto, y me sentí desconocida. De pronto, miré hacia arriba y vi el viejo salón de danza: había clase. Subí a ver: estaban mis viejos compañeros, mis viejos amigos. La clase la daba ahora Teo, el hermano menor de Kamala, mi maestra. Parecía que nadie se había movido de aquí, que sólo yo era una extraña.

A pesar de eso, pasan los días y no puedo evitar la sensación que siempre tuve en este lugar: la de ser mala persona. Ahora entiendo que se relaciona con las expectativas de otros. Mi mamá me pregunta que yo qué soy, “porque Juan es historiador”, dice, “pero cuando me preguntan qué eres tú nunca sé qué responder”. “Yo soy licenciada en Letras”, respondo mientras pienso que ella sabe bien que soy profesora, ¿por qué no se conforma con eso?

Ayer pensaba también en mi papá. En que siempre le caí lo suficientemente bien como para que nunca tuviera prisa por venderme; es por eso que durante mi niñez no tuve la necesidad de caracterizarme como niña y aún hoy no me apetece disfrazarme de mujer. “¿Para qué te arreglas, si no estás descompuesta? Eso es para las que no pueden llamar la atención de otra manera. Tú no eres así, no eres una res”, y yo me sentía tan cómoda porque a mi papá le bastaba que yo fuera yo. Debí aprender a ser algo más, porque sólo para mi papá era suficiente.

Tengo 25 años. Es víspera de Navidad. Yo debería estar pensando en dónde pasaré las fiestas, en qué me pondré, en todas esas cosas que están en la cabeza de las niñas de mi edad. En lugar de eso, estoy escribiendo una tesis que vale dinero, estoy planeando cursos que valen dinero, estoy planificando cómo usaré ese dinero y, anoche, mi mamá me miró con desaprobación porque tengo dinero y no se lo doy, porque no me lo gasto, porque soy tacaña. Yo estoy en edad de ser una irresponsable, y ni eso he podido hacer bien.

Anoche, antes de dormir, pensaba en mis alumnos. Pensaba que deben estar comiendo pollo frito y jugando Rock Band, que a Andy quizá la hagan llorar sus hermanos, pero que pronto le brotará la sonrisa, porque ella es así. Pensaba si Paola ya habrá terminado de leer alguno de esos tomos gordos y negros que ahora están de moda. Qué peculiar ensoñación la de estos tiempos: enamorarse de un vampiro. Malcriada estará en algún lado, dando lata, haciendo sus comentarios puntillosos, saliéndose con la suya. Sel observará todo y entenderá todo y sonreirá, pero dirá sólo lo necesario y en el momento preciso. Lo demás será reír. Qué chistoso, diría Iñaki, ji – ji – ji (Iñaki se ríe ji – ji – ji, aunque nadie me lo crea). Marie seguro cocina, Gus escucha música, Chipo debe brincar de un lado a otro en algún lugar de Chalco… ¡Y Canaca! No quiero ni pensar qué desfiguros estará haciendo Canaca… Pero seguro se divierte, y todos a su alrededor sonríen. Todavía no me voy y ya siento que los extrañaré. A todos… Aunque me digan comunicóloga, aunque ya se sientan jefes, aunque abusen de que no entiendo binario… Tengo 25 años. Es víspera de Navidad. Hoy he descubierto que no hay edad para sentirse viejo.

Tokio Blues: el precio de estar vivo

Diciembre 21, 2008 at 3:28 pm | In Papel que habla | 2 Comments

Hace unas semanas le pregunté a la Defeña si le había gustado Tokio Blues, de Murakami. Me dijo que sí, porque le parecía depresivo. En ese momento yo me encontraba a la mitad de la novela y no me estaba gustando, quizá por la misma razón: la historia tiene grandes momentos, buenos personajes, anécdotas logradas, pero cuando uno está a la mitad no entiende de qué se trata realmente, pues se ha perdido el alto tono con el que comienza (en la secuencia inicial, el protagonista tiene que sujetar su cabeza entre sus manos al escuchar una versión de aeropuerto de “Norwegian Wood”). Poco a poco la trama comienza a desarrollarse, con lentitud, si cabe decirlo.

Si la novela no tiene un clímax aparatoso, bien se puede decir que tiene grandes  y memorables episodios, todos derivados de lo cotidiano observado desde una perspectiva cuidadosa, sensible: el sexo, la muerte, la revelación del amor, la decepción, la madurez… Tokio Blues se va convirtiendo, poco a poco, en una gran novela, sobre todo al final, cuando gana emotividad, cuando nos muestra que vivir de un lado de la frontera entre la razón y la locura, el dolor y la calma, la vida y la muerte, es una decisión que se toma diariamente. Hay que pagar un precio por seguir viviendo, dice el narrador, cuando ya nos ha mostrado que las cosas simples de estar vivo pueden ser las más difíciles de lograr, o las más inmediatas. Sólo te curas si abres tu corazón, dice Reiko. Bien mirado, es alto el precio.

Otro recurso que expande la novela y le da mucho está en los referentes culturales. Constantemente se  mencionan  libros, canciones y  compositores, los cuales ayudan a caracterizar a los personajes y a crear atmósferas.  El estruendo de “White room” en el bosque, después del encuentro con Naoko, Thelonius Monk como fondo para la soledad de un café, las canciones de los Beatles como sinónimo de una tristeza indecible y lejana (me pregunto por qué no elegirían, para algún momento, “For no one”, a mi parecer la melodía más melancólica del cuarteto), El guardián entre el centeno como el libro que no encontrarías en el local familiar de una chica tan poco convencional como Midori, Bajo las ruedas como una de las últimas lecturas de un adolescente que elige, justamente, el camino de la vida, de la libertad… Tuve que esperar a tener el cuadro completo para lograr esta apreciación, pero creo que el libro me gustó más de lo que podría aceptar o negar porque creo que en él hay mucho de lo que significa estar vivo después de que uno se entera de que puede elegir lo contrario.

 

Meme bloguero

Diciembre 19, 2008 at 3:28 pm | In Uncategorized | 2 Comments

Como en estos días de tesis y locura es cada vez más difícil postear, les dejo este bonito Meme, con diez posts que vale la pena leer, de diez blogs que llevo mucho tiempo leyendo. Ojalá les parezca tan bueno como a mí.

1) Hay que leer al Rufián Melancólico. A como está la tele, a como van los periódicos, se vuelve cada día más imperativo. Pero si no conocen su blog, sin dudarlo, les sugeriría que comenzaran con esto.

2) El Koyote me mata de risa, a veces incluso cuando no es su intención. Si quieren reír, lean esto.

3) Isteri es un maestro. Para muestra un botón.

4) Cuando alguien es tan reservado como Zambomba, sus momentos emotivos conmueven el doble.

5) Porque siempre podré aprender algo venturosamente.

6) Don Merino nos da lecciones de civilidad.

7) Mi cocinero favorito apachurra el tomate que tengo por corazón y todavía espera que le comente.

8) Este cuento de Pablo siempre es referible y citable. Snif.

9) Yo lo había pensado, pero ella lo dijo primero.

10) No podía faltar el cubano, que tiene calle, habanea y camina.

Invito a este Meme, por principio, a quienes están incluidos. Me encantará leer lo que leen mis blogueros favoritos. Mientras tanto, un gran saludo, después de sudar la gota gorda en este café en el que sólo se puede postear en HTML.

¿Por qué los hombres no son como Sailor Ripley?

Diciembre 18, 2008 at 2:22 pm | In Mente adentro, Películas que veo sola, Tripas y corazón | 2 Comments

El cine es fuente de múltiples engaños: nos hará pensar que el hombre perfecto siempre sabe lo que quieres, que conoce todas las respuestas, que su bondad y paciencia serán a toda prueba y que jamás cederá a la tentación. Pero yo no quiero un hombre que ría de mis palabras como del gesto de una niña, no quiero un hombre que vea mi maldad y la tolere, no quiero un hombre que deje su vida en un cuaderno sólo para leérmelo, no quiero un hombre incapaz de decir lo que siente (aunque lo interprete Colin Firth). Si he de amar a alguien, si he de esperarlo durante seis años- o mil- , si dejaré todo lo que tengo por él y si lo seguiré a donde sea, aunque nadie entienda por qué, quiero que ese hombre sea todo lo contrario a Mr. Right, que no sea un gris y mediocre Know-it-all. Quiero que sea, como Sailor Ripley, salvaje de corazón.

¿Será que a todas las mujeres nos gustan los chicos malos? Puede ser, sobre todo cuando te llaman por un apodo tan gracioso como “Peanut”, cuando te regalan un collar de caramelo, con cuarenta sabores, y te dicen que es el mismo número de razones distintas que tienen para amarte.

Yo sería capaz de guardar por siempre una vieja chaqueta de piel de culebra, aunque ya hubiera oído más de cincuenta mil veces que es la representación de su individualidad y su creencia en la libertad personal, sólo por verlo caminar con ella puesta, haciéndose el duro, el impasible. Sólo él y yo sabríamos que su violencia no es sino la consecuencia de tener el corazón puesto por todo el cuerpo. Sailor, el hombre capaz de matar a un hombre a mano limpia, es el mismo que escucha con paciencia, sin juicio, como si cada palabra de Lula fuera la más significativa verdad del universo. Para él lo que ella dice nunca es tonto, aunque lo sea, nunca es simple, aunque lo parezca. La deja ver el pasado con dolor, la deja imaginar el futuro con temor y luego simplemente la calma como un niño apenas mayor consolaría a su compañerita de escuela; entonces uno cree que es cierto, que para cuando el sol atraviese la capa de ozono habrá Buicks que puedan llegar a la luna. Sailor ha vivido, tiene calle, y sin más devuelve a Lula a la vida cotidiana: le explica el mundo, le da un beso y la lleva a bailar.

Sí, a las mujeres nos gustan los chicos malos, pero no los que nos tratan mal, sino los que no son bien portados. Un hombre debería estar dispuesto a romper todas las reglas por ti si espera que tú estés con él incondicionalmente. Sailor rompe su libertad condicional porque quiere llevar a Lula a California. Y, a pesar de ser un rebelde, juega limpio: aun cuando puede usar la verdad a su favor, prefiere callarla para proteger la inociencia de Lula.

Habrá quien necesite un hombre complaciente, tierno, estable. Yo prefiero que me pregunten si mis uñas están secas y entonces me lleven a escuchar rock. Prefiero un hombre que no siente miedo de pelear con un tipo que me ofende en un bar, y que tampoco teme hacer el ridículo al cantarme una canción cursi. Quiero que extrañe mi forma de pensar aunque no la entienda, que me cuente cómo empezó a fumar, que me hable de otras mujeres y de cómo metió la mano entre sus muslos mientras yo sé que todo ese pasado, que todo ese presente no son sino míos, porque él está aquí, mirándome sin realmente mirar. Quiero que me hable de su dura vida sin rastro de dolor en su voz, y que luego se conmueva cuando le digo que siempre estaré de su lado; “tengo que admitir que eres peligrosamente dulce”, dice Sailor planamente cuando Lula le cuenta lo que siente mientras hacen el amor.

¿Qué importa si un hombre hizo algo malo antes, si para ti es la única persona leal en el mundo, si es capaz de encontrar música en la radio cuando las noticias te han puesto los nervios de punta, si te besa profundamente y luego toma tu mano para ponerla sobre su corazón, si te hace el amor mil veces, cada una de un color distinto, sin prisa, sin falsas pasiones, sino con atención, calma y sentimiento? Sailor no hace promesas irreales, no cae en los lugares comunes. Si Lula sueña con amarlo toda la vida él simplemente dice: cariño, a veces se te ocurren cosas muy raras, hasta ahora lo hemos hecho bien… Si todo parece un desastre él sólo dice que no hay por qué preocuparse, que nada se pondrá peor, nunca. No dice: cambiaré, porque no es un mentiroso, en cambio, explica que antes hizo cosas extrañas de las que no se enorgullece, pero que en adelante no hará nada si no tiene un buen motivo.

Sailor nunca será perfecto: ser salvaje de corazón es estar condenado a equivocarse, pero yo lo elegiría por encima de cualquier hombre porque con él lo que ves es lo que hay, no tendría que adivinar lo que piensa o siente. Además, a pesar de las separaciones, el instante del encuentro siempre será cómodo, porque él no dejará de ser el tipo duro con una chaqueta de serpiente. El peor error de Sailor Ripley es intentar ser razonable. Es duro y natural, el compañero perfecto de viaje, el fanático de Elvis, el delincuente a quien sus padres no orientaron debidamente. Pero, para Lula, es simplemente alguien que nunca le ha fallado, ¿qué más podría pedir una mujer?

Aterrizaje

Diciembre 17, 2008 at 2:50 pm | In Mente adentro | 1 Comment

¿Querías regresar a esto?- dice él, con cierta burla. Acabábamos de presenciar un pleito callejero, habladas de mujeres, de esas que se ven a menudo en ciertas películas ochenteras (mexicanas, por supuesto). Yo respondo que sí, que quería volver, y pienso en ello hoy, cuando tengo que salir a lavar ropa al patio, con el agua tan fría que siento que se me desprenderán los dedos. La vecina pone un disco de Juan Luis Guerra y yo canto y tallo, sin pensar en nada más.

Uno se olvida de muchas cosas, por ejemplo, de lo importante que es compartir el espacio. Estar solo tanto tiempo es cómodo, pero genera muchos vicios. Hoy, cuando desperté junto a mi mamá y mi hermana, recordé lo que significa adaptarse, y la cantidad de amor que se necesita para hacerlo.

Hoy las pequeñas rutinas cobran mucho sentido: despertar, desayunar, buscar un rinconcito para trabajar en la tesis… No hay teléfono ni internet, así que sólo puedo revisar el correo una vez al día, y para hacerlo debo caminar tres cuadras. El tiempo anda con lentitud, nadie lleva prisa… Ni yo: dejé la presión en la ciudad, la fui soltando conforme avanzaba hacia casa mami y reconocía los lugares donde comía con los amigos, donde me detuvo la patruuuuuuuuuuuulla, donde solía esperar a que alguien pasara por mí. Soy todas estas cosas y quiero disfrutarlas a profundidad. Parte de reconstruirme es conservar lo que sí sirve, y el gozo sincero de las cosas simples siempre será útil. Dondequiera que esté, siempre podré sentirme en casa.

Homeless

Diciembre 16, 2008 at 4:59 pm | In Mente adentro | 2 Comments

Es oficial: no tengo casa. Ayer entregué las que fueran mis llaves durante un año y ahora estoy en el limbo, es decir, alojada en la orillita de la cama de alguien más. Aunque todo esto tiene cierta emoción, uno no puede dejar de sentirse en una existencia paralela: no estoy posteando desde mi compu, no puedo fumar mientras escribo, no escucho una canción que pueda cantar. A pesar de ello, se siente bien estar de paso.

Lo que viene no será fácil: mucho trabajo, mucha presión y luego el gran salto a Australia. En cada paso que doy presiento la ida y el regreso. Ya quiero ver mis pies mientras caminan por otros lugares.

Estos días, por otro lado, no han sido fáciles. He sido extirpada de todos mis hábitos y las cosas se ven raras en mis ojos. Como en Pepperland. Como en Neverland. Sueño discusiones y despierto enojada: así de delgada es la línea entre lo real y lo irreal.

He pensado muchos posts, pero no siempre he tenido la oportunidad de escribirlos. Hoy en la mañana sentí que me daban la espalda en el peor momento posible, y tuve el impulso de escribirlo, pero el momento se fue. Luego me di cuenta de que el reverso exacto del amor es estar junto a una persona y preguntarte qué se sentía sentir. Cruzan tantas ideas por mi cabeza, pero no siempre puedo publicar. Y esto se hará costumbre. Pero en enero volveremos a la normalidad, lo prometo.

Anuncio

Diciembre 11, 2008 at 8:19 pm | In Ver, oír y postear | 3 Comments

Hoy voy a estar de invitada en Surf, Sex and Roll. Escúchenlo a las nueve de la noche por www.fabricademitos.com

(Agrégalos al messenger: surfsexradio@gmail.com y pide rolas…)

La hora astrosa

Diciembre 10, 2008 at 6:47 pm | In Uncategorized | Leave a Comment

—En el curso del mundo hay de vez en cuando momentos —explicó el maestro Hora— en que las cosas y los seres, hasta lo alto de los astros, colaboran de un modo muy especial, de modo que puede ocurrir algo que no habría sido posible ni antes ni después. Por desgracia, los hombres no son demasiado afortunados al usarlas, de modo que las horas astrosas pasan, muchas veces, sin que nadie se dé cuenta. Pero si hay alguien que la reconoce, pasan grandes cosas en el mundo. (Michael Ende, Momo)

Creo profundamente en la existencia de las horas astrosas. Puedo detectar en mi vida varias de ellas: momentos en los que hasta el viento conspiraba para girar en redondo y soplar a mi favor. Algunos los aproveché al máximo, otros los compartí y, tristemente, también hubo unos que se desperdiciaron.

Para evitar el arrepentimiento, hoy decido vivir como si todo el tiempo fuera una hora astrosa que se prolonga indefinidamente. No se sabe qué ocurrirá, pero siempre existe la posibilidad para un milagro.

 

Otra niña

Diciembre 8, 2008 at 6:02 pm | In Mente adentro | 1 Comment

Siempre he odiado peinarme, así que cuando me amarraba el cabello mi papá solía decir: “se te ve cara de otra niña”. Hoy deseé con todas mis fuerzas ser otra niña y sólo atiné a hacerme una coleta.

De la insatisfacción permanente (o por qué tres siempre serán multitud)

Diciembre 8, 2008 at 6:00 pm | In Películas que veo acompañada | 2 Comments

Íbamos a ver la nueva de Woody Allen. Mientras entrábamos al Guatercénter, dije: ya no creo que exista el bienestar. Si hubiéramos sabido que de eso se trataba la película, nos hubiéramos ahorrado los cien pesos de los boletos…

Vicky Cristina Barcelona se puede definir con simpleza: es otra de las películas recientes de Allen, en las que el desencanto raya en la desesperación. El amor ya no sólo es un imposible debido a las neurosis de cada individuo, o a un ataque de insatisfacción. Ahora cada persona vive tan insatisfecha consigo misma que no hay resolución posible, de modo que, para lograr el amor, se necesitarían tres o más personas.

El guión lo establece desde el principio: dos amigas tienen ideas opuestas -y bastante maniqueas- sobre el amor. Una de ellas tiene todo lo que siempre soñó, la otra no sabe lo que quiere, pero lo sigue buscando. Ambas encuentran lo que desean, pero ninguna logra ser feliz. María Elena lo enuncia de manera explícita: “eso se llama insatisfacción crónica”. Y la gente en el cine se reía, qué cosas. Insisto, Allen se ríe de lo que le duele y llora donde se alegra.

La película es tan prescindible como Carne Trémula en la filmografía de Almodóvar o Eyes wide shut en la de Kubrick.  No quiero decir que sean malas, quizá hasta son buenas, pero algo les falta. No sé qué. O quizá sólo sea mi insatisfacción crónica.

Numb

Diciembre 8, 2008 at 12:37 am | In Mente adentro | Leave a Comment

Es extraño: últimamente atravieso una racha de buena suerte, pero hoy  comenzó una etapa rara. Uno puede sentir que algo cambió, aunque no sabe qué.

Me ha pasado antes: lo que era nerviosismo desapareció, la tristeza de las despedidas que se avistan no está por ningún lado, la emoción de la partida es nula y la presión por los pendientes no acude a la memoria, ni siquiera con esfuerzo. Hoy no siento nada.

Viene a la mente, por obviedad, la canción de Pink Floyd, pero otro recuerdo la bloquea y sustituye: el video de U2, en el que The Edge recita una canción, inmutable ante cualquier estímulo externo e incapaz -aparentemente- de producir uno interno. Era la imagen perfecta para mí hoy, pero luego recordé lo que estaba alrededor: la habitación pequeña, con las camas siempre destendidas, llena de cosas, con platos sucios por todas partes… Llego a mi cuarto y es un desastre; de pronto recuerdo cuánto odio mudarme, cómo me enoja saber que todo está pero no saber exactamente dónde…

Las mudanzas y, en general, los tránsitos, tienen algo que les roba la existencia. Es como vivir un simulacro: uno ya no está donde estaba -la casa que habitábamos deja de ser cómoda y conocida-, pero tampoco ha llegado a ningún lado. Y eso produce mucha frustración, porque el peine ya no está  a la mano, y no puedo leer el poema que me viene a la mente porque está en alguna caja, o tengo que bastarme con los dos o tres objetos que dejé a la mano, y olvidar que poseo los demás, aunque los posea.

Me he mudado muchas veces en mi vida: algunas de ellas sin equipaje, otras con esta incómoda sensación de tener los hábitos suspendidos hasta nuevo aviso. Creo que es algo que me desagrada tanto que mi mente me hizo el favor de desconfigurarse. Pero es como aquél cuento de Oscar de la Borbolla, en el que a un tipo recibe electroshocks, y eso le anula la ansiedad, pero también algunos trozos de memoria: justo los jueves, el día en el que veía a su padre. Se sentía mejor, claro, mas ¿cómo recuperar el recuerdo? Hoy no siento nada: ni el tedio de la mudanza ni los nervios de lo que queda por hacer, sin embargo, ¿quién me devuelve la risa, cómo repongo el amor?

There’s an old joke…

Diciembre 7, 2008 at 6:05 pm | In Mente adentro | Leave a Comment

Nos reímos de lo que nos duele, dijo el griego. Y de lo que nos asusta, añadiría yo. Pensemos en todo lo que se considera hilarante, desde los apodos y las bromas locales hasta los sketches de televisión. Todos se fundamentan en alguna desgracia. Lo que los hace graciosos es que esa desgracia le ocurrió a otro.

Así, la frontera entre lo trágico y lo cómico es delgada, es una mera cuestión de tratamiento. Si me da risa lo que le ocurrió a otro-que-no-soy-yo, me conmueve lo que le sucede a otro-que-podría-ser-yo. La cuestión de la distancia y la identificación es amplia, y no creo que sea éste el lugar ni el momento para hablar de ella, lo que me interesa señalar es que lo gracioso, cuando se piensa posible en la carne propia, deja de serlo.  Por eso, un viejo chiste, bien mirado, nos puede hacer llorar.

Si alguien ha explotado esta idea a cabalidad, ése debe ser Woody Allen. Por eso sus películas van del chiste bobo a la ironía cruel, pasando por todas las tonalidades del agridulce -lo cual se explicita, por ejemplo, en Melinda and Melinda. Allen utiliza el humor desencantado para señalar la fragilidad del hombre, no sólo ante el mundo, sino ante sí mismo.

Todo esto viene a cuento porque anoche el Muñe me recordó una de las frases más célebres de Anything else, y no porque tenga un gran significado en la película, sino por lo que representó para mí cuando la vi. Es éste:

Women. Camus said that women are all that we’re ever going to know of paradise on earth. In your case, Falk, there is a seminal joke that Henny Youngman used to tell that I think is perfect. It sums it up perfectly as far as you go. Guy comes into a doctor’s office. He says, ‘Doc, it hurts when I do this.’ The doctor says, ‘Don’t do it’. Think about that.

Hace casi dos años ese chiste me hizo llorar. En serio. Pero anoche el Muñeco lo mencionó y entendí lo que decía el personaje de la película. Y es verdad: hay más filosofía en ese chiste que en dos años de absurdo lloriqueo.

 

Entradas siguientes »
  • Lo antes dicho

  • Los trabajos y los días

    Diciembre 2008
    L M X J V S D
    « Nov   Ene »
    1234567
    891011121314
    15161718192021
    22232425262728
    293031  
  • Aquí se habla de…

  • Y contando...

    • 37,168 hits
  • Y de aquí, ¿a dónde?

  • Recientemente

  • ¿Y qué dice el público?

    GabyS en Nunca como hoy
    cascabelera en Nunca como hoy
    cascabelera en el hilo negro
    GabyS en el hilo negro
    La niña Fonema en Paté de Fuá y el rock de otros…
  • Blog de WordPress.com. | Theme: Pool by Borja Fernandez.
    Entries and comments feeds.