Primer post donde salen hombres australianos
Enero 30, 2009 at 10:47 pm | In Ver, oír y postear, buscando a nemo | 4 Comments(Para Profana, que me hizo reír).
Después de mi azote de ayer, decidí salir a caminar. Mientras salía pensé en todas las veces que me he cambiado de casa y en cómo siempre sentí miedo de no saber llegar al trabajo, de que el rumbo fuera feo, de no acostumbrarme. Será lo mismo, supuse, y torcí camino al mar -como la canción, Santi, sólo que yo sí quiero ir más allá, sin estorbar ni ser cadena-. Fue impresionante llegar a la playa, tal como lo creía, sólo ver el mar me hizo sentir bien. Lo vi por primera vez desde una escalera de madera, y me quedé paralizada, hasta que escuché una voz masculina y surferona (sugiero que lean esto con voz de película doblada)
- ¿De dónde eres?
- ¿Perdón?
- ¿De dónde vienes?
- Oh, de México.
- ¡Oh, México! Lindo.
- Sí, lindo.
- ¿Y dónde te estás quedando?
- Aquí cerca, en Alexandra Headlands. ¿Dónde vives tú?
- Justo aquí.
- Oh, es muy cerca.
- Sí… ¿Qué vas a hacer hoy en la noche?
- … ¿Perdón?
- Hoy en la noche, ¿qué vas a hacer?
- Ahm, creo que iré al Surf Club.
- Oh, lindo. Emborráchate, diviértete.
- Sí, lo haré. Quizá pueda ver el Super Bowl ahí el domingo.
- ¿Ver el qué?
- Super Bowl, ya sabes…
- Oh, sí. “Footie”. Nosotros no vemos footie aquí.
- Oh, eso es malo.
- Je, sí.
- Bueno, estoy en camino. Pasarán por mí en diez minutos.
- Ok. Disfruta el Surf Club.
- Sí. Nos vemos.
Ese fue mi primer acercamiento a un handsome aussie guy. Si sucede algo más interesante lo sabrán.
Por la tarde fui al famoso Surf Club con Sue -la dueña de la casa- y sus amigas Laurie y Camil. Cuando me presentaban como “la mexicana” todo el mundo decía: “oh, corouna, shakera, soulma jaiek”. Bebimos cerveza australiana y luego fuimos a cenar comida hindú. Hablamos de hombres y, después de viajar al otro lado del mundo puedo decirles algo for sure: todos son iguales. Sólo que los australianos son tan viriles que se resisten a usar cualquier producto en el cabello, y no dicen “te amo” ni mandan flores ni serenatas.
Hoy por la mañana Sue y yo fuimos a caminar a la playa, luego tomamos café -Dios, extraño el café- y finalmente fuimos a hacer despensa y a bobear al mall. Me la pasé bien, aunque la barrera idiomática sigue generando incomodidad. Me di cuenta de que Australia es caro y yo soy pobre. Además, no tengo viáticos aún… pero esa es otra historia.
Al volver a casa le mostré a Sue las fotos que tengo en la compu. Aquí sí hubo conclusiones interesantes:
1. Mi hermano y el Rufián viven en el país equivocado: acá son galanes pero galanes en serio.
2. Los Muñes se ven felices y enamorados. (“Just look at their faces”)
3. Mario es demasiado viejo para mí.
4. Soy fotogénica.
5. Mi hermana es preciosa.
Debo aclarar que tres de cinco sólo aplican en Australia…
En fin, acerca de la vida en general puedo decir que está tal como la dejé: no he avanzado en la tesis, no he preparado cursos, lo de los horarios aún es nebuloso y no tengo idea de cómo llegaré de una escuela a otra, pues están muy lejos entre sí. Sin embargo, creo que todo se resolverá poco a poco, ahora que empiezo a adaptarme.
(Ya hay fotos nuevas en Flickr. Píquenle: http://www.flickr.com/photos/12685756@N06/)
Vivir en inglés (australiano)
Enero 30, 2009 at 12:15 am | In Tripas y corazón, buscando a nemo | 2 CommentsHabía dependido del inglés antes, pero nunca a este grado: vivir en Australia significa vivir en inglés. Suena obvio, pero es toda una experiencia: valoramos poco la facilidad con la que llevamos a cabo las tareas cotidianas porque aprendimos desde niños y contextualizados. Aquí hay que aprender otra vez desde el principio, varios años después y totalmente fuera de lugar.
Australia no me ha recibido bien, he de decirlo. Mejor dicho, no me hallo. Y lo que más me dificulta las cosas es el idioma: aunque puedo comunicarme de manera básica, y todo el mundo ha dicho que mi inglés es bueno, me desespera conformarme con la versión simple de lo que en realidad quise decir. Así que prefiero estar callada, aunque no lo puedan creer.
La incomunicación no se limita a mi pésimo inglés: en la casa dependo de un USB para conectarme con mi jefe, mis alumnos y mis amigos, y la madrinola a cada rato pierde la señal. Es desesperante: mandar un mail puede tardar tanto que uno termina por no mandar nada. En la escuela no hay red, así que sólo me queda encomendarme a San Renecito, santo patrono de las conexiones cibernéticas, y esperar que todo salga bien con la tesis que -supuestamente- terminaría a distancia.
Como es lógico también, la idea que uno puede tener de lo correcto y lo incorrecto es muy distinta a la que tiene la gente de aquí. Un ejemplo: para uno es normal que los alumnos vaguen por la escuela si no tienen clase. Acá no, y la gente se pone nerviosa. Otro ejemplo: en la casa donde estoy el único aparato que hay para oír música es el Ipod de Cassie… que siempre está en su cuarto, apagado. Lo último que yo pude oír fue una canción en mi propio Ipod, la mañana del lunes, mientras viajaba en un microbús hacia Echegaray…
Bueno, dejaré de lloriquear. Anoche me empezó el ataque de “¿qué estoy haciendo aquí si mi vida era tan fácil?” y creo que no he salido de él. Extraño lo conocido. Veo las fotos de Flor Bovina y lloro de la emoción, pero también porque es frustrante haberme perdido sus primeros momentos. En fin, supongo que se me pasará.
No he podido tomar más fotos porque he estado resolviendo asuntos en la escuela, sin embargo, parece que hoy acompañaré a la señora que me dio alojamiento a ver a una de sus amigas. Quizás obtenga algunas imágenes en el camino. Este periodo de adaptación me está costando mucho, y yo que me creía todo terreno y factor gelatina…
Fotos
Enero 29, 2009 at 1:26 am | In Ver, oír y postear, buscando a nemo | 1 CommentSubí a Flickr unas fotos del aeropuerto de Tokio. Pásenle a lo barrido: las fotos acá mero.
Primeras impresiones
Enero 28, 2009 at 10:07 pm | In Ver, oír y postear, buscando a nemo | 3 CommentsYa llegué a la casa donde me alojaré los próximos cinco meses. Estoy sola porque Sue y Cassie están en el trabajo y en la escuela, respectivamente. Me preparo un sandwich y la mayonesa me sabe mucho más dulce que de costumbre; de camino a la cocina soy consciente del calorcito y, sobre todo, del olor de este lugar. Huele a la cercanía del mar. Siento, entonces, la necesidad imperiosa de caminar la cuadra que me separa del gran vientre que parió al mundo.
Como turista puedo decir que el aeropuerto de Tokio es alucinante, con los botoncitos que hacen ruido para que uno no tenga pena de sus propias flatulencias, con sus salas para fumadores con ceniceros y encendedores, y con sus sillones que te dan masaje por cien yenes. Australia es diferente: todo se ve práctico pero no robotizado, la gente es amable -ejem, excepto la del aeropuerto, que en general tiene cara de pocos, poquitos amigos-, tienen un motorway con el nombre de Steve Irwin (sí, Renecito, por ahí llegué a mi casa), y creen que los mexicanos somos amables y educados.
Aún no he convivido con la gente que será mi familia estos cinco meses. A juzgar por su librero y su mueble de películas es un casa con ambiente de pijamada, muy limpia y con pocos muebles. En el patio hay una alberca pequeña y una mesa de madera, con bancas y techito que, unida al olor, me recuerda Playa Paraíso.
Tengo deseos de fumar y de comprar jugo. En la despensa hay Doritos, con suerte en alguna tienda hay Cheetos. Pero no sé dónde hay una tienda. Saldré a caminar a solas, a kilómetros de ustedes, a ver si me encuentro primero el mar o alguna tienda. Aún no termino de acomodar mis cosas, pero mi cuarto es completamente blanco -la alfombra, la pared, la ropa de cama, la puerta y hasta el clóset- y yo me siento en casa. Me acompañan los conguitos Francisco y Francisca, el Duque Gula Michoacán III de Quero, la Antivaca y Flor Bovina y una vaca sin nombre (quizá para recordar lo innecesario de las nominalizaciones).
Ya conocí a casi todos mis alumnos. Me da ternura su miedo a lavar o a no saber hacer quehaceres domésticos. Extraño a los que dejé allá, que se asustan porque creen que no saben escribir. Extraño a mi hermana, y a los Muñes, y… para qué seguir. Mejor me voy a buscar vida en este lado del mundo. Pronto mis fotos (chafas) en flicker.
Siempre sí
Enero 27, 2009 at 4:31 pm | In Ver, oír y postear | 3 CommentsAnoche me avisaron que mi vuelo salía hoy y heme aquí, viendo la nieve sobre suelo canadiense. Viajar ilustra, dicen, pero yo todavía no he aprendido nada.
El vuelo fue cómodo de más, aunque me tuve que chutar la de Woody Allen otra vez y sufrí los primeros minutos de Mamma Mia. Todo va sucediendo con facilidad y la familia que me alojará en Australia me escribe diciendo que me esperan un “aussie pie” y una “aussie bbq”.
Estoy contenta, a pesar de que este fin de semana sufrí muchas clases de colapsos. Cuando supe que me iba todo cobró proporciones distintas, pero ahora, desde lejos, adopta otro color. No estoy triste, sin embargo.
Aquí no hay mucho que ver o retratar: sólo gente esperando en una sala de aeropuerto.
Bueno, me voy a ver la nieve.
Infidelidad
Enero 24, 2009 at 11:52 am | In Mente adentro | 4 CommentsCuenta la leyenda que, cuando no encuentras algo donde estás, lo buscas en otra parte. A eso se le conoce como infidelidad y, por lo general, se le relaciona con el cliché del jefe cuarentón que se despacha a su secre en el despacho. Sin embargo, en una relación puede faltar de todo, y uno puede buscarlo en cualquier lado. (Me viene a la mente el cuento de Woody Allen, “La puta de Mensa”, en el que los caballeros ya no las prefieren rubias y, aburridos de la conversación doméstica, contratan un servicio profesional de chicas universitarias dispuestas a discutir el simbolismo religioso en Moby Dick).
Pero, ¿qué cuando lo que falta es el amor? ¿A qué se recurre, cómo se inventa, dónde encontrarlo, con qué sustituirlo?
El infiel es el falto de fe y yo ya no sé si la tengo.
Siempre no
Enero 23, 2009 at 2:48 pm | In Mente adentro | 5 CommentsSigo en México. ¿Por qué? No se sabe. ¿Cuándo me voy? Dios dirá. La cosa es que camino por el Tec y soy un fantasma: sin alumnos no hay profesor. Algunos de los que me han padecido me saludan, pero no es lo mismo. Me siento inútil. Extraño mis grupos. Y hoy, después de conversar sobre varias cosas, me pregunto seriamente qué soy, para qué sirvo. Ojalá me vaya, y pronto: todo volverá a ser pequeño una vez que vuelva a ver el mar.
Son señales
Enero 22, 2009 at 6:31 pm | In Anecdotario, Tripas y corazón | 1 CommentMañana me voy a Australia y justo hoy recibo el número telefónico celular de Nelsito. Le mando un mensaje de despedida y me desea suerte. Escribe que me ama. Entonces le llamo y vuelvo a escuchar su voz como si no hubieran pasado los años, como si no hubiera sucedido nada. Dice que me se alegra por mí, que todo lo que signifique bienestar para mí siempre le dará gusto. Yo le digo que tengo ganas de que vayamos a conversar al malecón, pero que tiene que ponerse flaco porque yo así lo dejé. Ha aumentado cuarenta kilos, dice. Para mí sigue siendo el mismo, porque se ríe de mi broma y yo pienso en su sonrisa y recuerdo que prefiero su sonrisa y un café. Ah, el amor me sucedió, lo recuerdo, pero era, como dice Woody Allen, una puerta giratoria. Lo interesante es que Nelsito vuelve a estar al alcance de la mano justo en el momento en el que parecía perderse definitivamente en el horizonte. No gritó en la lluvia, bajo mi ventana, pero sí dijo que me ama aunque yo no lo entienda y ya no sirva de nada.
Encargos
Enero 21, 2009 at 4:25 pm | In Nostalgia | 9 CommentsTodo el mundo quiere que le traiga algo y yo haré lo que buenamente pueda para complacerlos a todos. Del mismo modo, yo quiero encargarles unas cuantas cosas: que sigan yendo al Cova a tomar cerveza y a Gandhi a beber café, que sigan escuchando Surf, sex and roll, los jueves a las 9 en la Fábrica de Mitos (.com), que me compren la “Cocina Fácil” del mes de febrero, que planifiquen sus textos, y luego que los corrijan, y que no usen malditos gerundios del mal, que vean “El show secreto”, que no dejen de escribirme y mandarme fotos, que cambien mucho y hagan muchas cosas para que cuando yo regrese platiquemos por horas, que se acuerden de lo mensa que soy y se rían, que no dejen de pensar que volveré.
Grandes esperanzas
Enero 20, 2009 at 8:34 pm | In Mente adentro | 2 CommentsPensaba en las treinta horas que pasaré suspendida en el aire a bordo de un avión de Japan. No pude evitar recordar la escena en la que una melancólica Gwyneth Paltrow mira por la ventanilla mientras viaja hacia París, sin saber que Ethan Hawke ha conquistado el mundo y grita, bajo la lluvia, que todo lo hizo por ella. Me angustia la imagen de un hombre medio ebrio, gritando a medio Pensylvania que me ama aunque yo nunca lo haya entendido. En todo caso, que me mande un mail.
Descubrimientos
Enero 20, 2009 at 12:28 pm | In Mente adentro | 2 CommentsAustralia es tierra a la vista. Hace unos meses, mientras aún navegaba hacia ella, no la veía realmente, pues seguía resolviendo lo inmediato: la tesis, los cursos y algo que era como una relación. Ahora ya casi todo se ha desvanecido, y Australia ocupa mi horizonte casi por completo. Casi.
En este momento comienzo a descubrir cosas que sólo era posible ver cuando el destino fuera cercano. La primera de ellas es que un grupo de alumnos y sus padres confían en que yo tendré las respuestas. Después de algunos años, vuelvo a estar a cargo y, en esa situación, el miedo es un lujo que no me puedo permitir. Tendré que ser, otra vez, prudente, diligente y moderada.
Otra cosa que noté fue que en Australia las sensaciones me serán desconocidas y, las que me son familiares, no estarán allá. Por ello he disfrutado el metro, he contemplado con nostalgia prematura los paisajes que me muestra la ventanilla del camión, he sonreído cuando la panadera me dice “hasta luego, manita”, y he comido Cheetos moraditos con alegría renovada. Nadie sabe lo que tiene, hasta que se va a Australia.
Finalmente, descubrí que me despediré de las personas que siempre han estado conmigo sin tristeza, porque sé que cuando vuelva seguirán ahí, pero siento ganas de llorar cada vez que abrazo al que solía ser Mario, porque algo me dice que es un abrazo más y a la vez es uno menos. Ren dice que no hay buenos ni malos, sólo que a nadie le dicen bien cuál es su papel. A Mario y a mí no nos dijeron eso, pero durante seis meses nos hicimos buena compañía. “La mentira es mejor cuanto más parece verdadera”, pero lo real concreto siempre se impone.
Es el momento de irse lejos. Lo curioso es que, en la distancia, uno comienza a ver más claramente el punto de partida. Así que ya les estaré diciendo cómo se ven desde el futuro.
La que se va
Enero 15, 2009 at 3:40 pm | In Uncategorized | 4 Comments(Tenías razón: no llegaste a ver mi vuelta)
No recuerdo haber llorado en el aeropuerto ni una sola vez. En cambio, tu llanto se volvía más abundante. “No llores, todo estará bien”, te decía, pero nunca me creíste. “Es que cada vez que te veo irte no sé si te volveré a ver”, era tu respuesta. Tenía lógica, lo admito ahora, pero qué más da.
Por alguna razón siempre soy la que se va. He tenido que irme incluso cuando quería quedarme. ¿En qué punto estará mi lugar fijo?
Todavía aquí
Enero 15, 2009 at 1:16 pm | In Tripas y corazón | 1 CommentFalta una semana para que me vaya y, aunque es poco tiempo, me parece exagerado que todo el mundo actúe como si ya me hubiera ido. Me siento tan triste como cuando sabes que alguien está a punto de terminar contigo y tan sola como cuando te avisan que nadie irá a tu fiesta.
No es gratuito: se avecina un final que no sé cómo enfrentaré, a pesar de que he ensayado mentalmente todas las formas que he alcanzado a imaginar. De todas maneras, nada cambiará lo que se anuncia. A veces, sin que lo notes, una persona ya se encuentra lejos, aunque siga aquí, aunque lo abraces con todas tus fuerzas.
Pero era una muerte anunciada. Otra dosis de medicina para curar mi “ridícula obsesión con el amor”.
Enero 13, 2009 at 10:32 am | In Anecdotario, Yo opino... | Leave a Comment
Anoche alguien me dijo que me admiraba. De inmediato me sentì en deuda conmigo misma, asì que salì del cafè internet y me metì en un bar.
Allì estaban mis amigos, dispuestos a divertirse. Recordè el dulce sabor de la irresponsabilidad, asì que bebì -porque estoy en la edad en la que puedo hacerlo sin pensar en colesterol o azùcar- y reì y cantè y corrì a toda velocidad en sus autos.
En el pasado hice cosas de las que no me enorgullezco, pero en adelante no harè nada si no tengo una buena razòn. Anoche la tuve: no quiero ser un modelo a seguir. Me niego.
A las siete de la mañana sonò el despertador: hora de despertar, de volver a la tesis. Me levantè con la satisfacciòn de no ser maligna -ni en mi peor versiòn- y con el alivio de no ser perfecta -ni en mi mejor versiòn-.
PS. I know you read this. So, get some advice from someone older and wiser: if you want to kiss a girl, don’t look up to her. You’d better just kiss her. Period.
Extra, Extra
Enero 12, 2009 at 9:08 pm | In Mente adentro, Yo opino... | 4 CommentsÍbamos en el auto. Yo pregunté por un amigo. Sigue con la misma novia letal. No pude reprimirme y solté la declaración del año:
-Los hombres son unos pendejos.
Y Chey me dijo: n’ombre qué descubrimiento, ¿se te acaba de ocurrir o lo venías pensando?
Lo venía pensando; de hecho es una teoría que tengo bastante estudiada: la del sorteo del amor y por qué no a todos nos toca. Lo que ocurre es simple: cuando descubrimos que tenemos hormonas nos enamoramos, de una manera estúpida pero perfecta. Es la única vez que dirigimos todos nuestros esfuerzos a la persona que amamos de verdad. Pero, esa persona, seguramente nos rompe el corazón, y no porque quiera hacerlo, sino porque está en el mismo momento de descubrir las hormonas y, a esa edad, uno rompe todo lo que toca. Después de eso uno se embarca en relaciones irregulares, todas sin sentido, y comete todos los errores posibles, siempre buscando a quien ya no está, o vengándonos, o repasando la vieja idea de que el amor es una porquería. Entonces, encontramos a la-mejor-persona-para-nosotros. No digo que sea alguien sin defectos, sólo es la persona con la que mejor nos llevamos, con la que es más cómodo estar. Pero, ¿adivinen qué? Le partimos el corazón en medio de esa vorágine rencorosa que se deriva de vernos atentamente el ombligo. Así, perdemos nuestra oportunidad y, tarde o temprano, nos damos cuenta. Entonces lloramos porque lo tuvimos y lo desperdiciamos, “pero esta vez sí haré todo bien, lo prometo”. Y terminamos dedicando nuestros esfuerzos, nuestro “hacerlo todo bien” a cualquiera. Ese cualquiera puede ser bueno o malo, y ése es el albur.
Triste pero cierto: son pocas las posibilidades de que encontremos a la mejor persona posible en el momento en el que estamos capacitados para reconocerlo. Y es por eso, queridos, que todos vivimos odiando al real concreto, lamentando la pérdida del “indicado” y añorando los amores juveniles, tan explotados por Hollywood, tan útiles como anestesia.
Lo antes dicho
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