Funerales (2)

Abril 30, 2009 at 3:14 am | In Mente adentro, Tripas y corazón | 1 Comment

- I wanto to send this to Mexico.

- Ok, fill this please.

Por cuestiones aduanales, el servicio postal australiano me preguntaba, en una hojita verde, qué era exactamente lo que yo estaba mandando. Me tomó muchos intentos llegar a la respuesta correcta:

Un pretexto para volver a verlo

Mis demandas (incluso las que eran razonables)

Los viejos rencores

La esperanza de que un día va a funcionar

Las dudas

Las expectativas

Stuffed toys and keychains.

Todo lo demás viajó de contrabando. Quizá por eso la caja pesaba tanto al final.

La distancia

Abril 30, 2009 at 12:00 am | In Nostalgia | Leave a Comment

“Nunca más oíste tú hablar de mí,

en cambio yo seguí pensando en ti.”

(Roberto Carlos)

Las canciones que uno canta, ya borracho, que hablan de amores tortuosos que llevamos escritos en la frente son, en realidad, un juego. Son las heridas que estamos dispuestos a mostrar porque ya no nos duelen. Hay canciones que nos hacen verdadero daño y de esas nos escondemos, pero no podemos evitar que salten de algún sitio, escondidas entre lo cotidiano.

Acá tengo mi ritual del domingo en la noche: tomo la ropa que lavé el sábado y la plancho, mientras escucho mi Ipod y canto. Las labores domésticas le descansan a uno el alma, le alejan de la reflexión, y ahí estaba yo, quitando las arrugas de mi ropa y tarareando tonadas simples antes de ir a dormir.

De pronto surge de mis audífonos una introducción conocida. Y me ataca la primera frase: nunca más oíste tú hablar de mí, en cambio yo seguí pensando en ti… No puedo evitar pensar en muchas cosas, en cuánto desearía hablar con él, sobre todo ahora. La vida nos está sucediendo y cada vez estamos más lejos, pero yo todavía escucho esa canción y la canto con la voz quebrada, con mucha vergüenza. Y es que cuántas veces yo pensé volver… Hay errores que se pagan caros, y memorias que no duelen pero se prolongan, incertidumbres que se hacen eternas.

Pienso de pronto que soy un par de años más vieja, que estoy lejos de él en tiempo y espacio. Pero mientras dura la canción me parece que todo es fácil, que puedo llamarle y él va a ser el mismo que era hace cinco años, que me responderá como si nada y yo lo veré sonreír y me sentiré capaz de todo. Me pregunto si en las calles de San Nicolás queda algún eco de mis pasos…

Da igual. Si habláramos hoy nos diríamos muy poco: que él está bien en la empresa, que me va bien en Australia. Y volveríamos a ser los desconocidos que somos ahora el uno para el otro, porque el que vive hoy no es el que yo amaba, porque la que está aquí ya no es la que él un día abrazó. Vuelvo al presente y me siento a salvo, recuerdo que eso ya pasó. Pero la herida siempre dolerá como nueva durante los tres minutos que dura esa canción.

Funerales

Abril 29, 2009 at 3:51 am | In Uncategorized | 2 Comments

Hoy en una cajita metí lo que quedaba de mi esperanza. La mandé para México. Y así se acabó la película.

Abril 29, 2009 at 12:00 am | In La sangre pesa más que el agua | 2 Comments

(Este año la muerte de mi papá me alcanzó un día antes. Pero nunca se va a ir.)

Mi mamá se fue de la casa, entre otras cosas, porque mi papá nunca quiso que nos fuéramos de la casa de mis abuelos. Tan no quiso que ahí murió, rodeado de basura, comida podrida, latas de Whiskas y cadáveres de gatos y ratas. Libros, discos, películas. Documentos inservibles… En toda su vida, mi papá sólo se mudó una vez, y fue dentro del mismo barrio.  A mí no me anima la idea de comprar una casa. Me gusta más rentar y saber que si un día quiero cambiar de escenario me puedo ir y ya. En eso somos distintos mi padre y yo, en eso y en otras cosas.

Una semana después de su muerte, hubo que ir a sacar sus cosas, porque ahora la casa estaba en litigio y, en fin, lo que sucede en esos casos. Yo sólo fui una vez, con mi mamá, a buscar algunos papeles, y la impresión que me produjo la casa vacía, ya sin prohibiciones ni castigos ni temores, pero también sin mi padre, es algo muy vívido en mi ánimo pero poco claro en mis palabras. Recuerdo la luz en los cuartos, recuerdo su cama destendida, recuerdo los libros que estaban más cerca, y el montón de papeletas con número que no fueron la combinación ganadora del Melate.

Otro día llegué a mi casa y estaban ya todas las cajas de libros y discos. Yo no podía hablar; me parecía increíble que las cosas de mi padre, pertenecientes a un mundo oscuro, a un pasado dolorido, estuvieran ahora en la casa de mi mamá, que Mimi pudiera tocarlas sin saber todo lo que vivimos. Era el comienzo de una era distinta, era como sacar todo lo nebuloso del pasado y colocarlo bajo otra luz.

En la mesa estaba Héctor, sin saber qué decir. Él había ayudado a mi hermano a sacar las cosas. Lo vi sin verlo realmente: teníamos una historia truculenta, triste, fea, vergonzosa, que aún quisiera reparar si se pudiera, porque Héctor creyó amarme cuando yo era lo peor que pude ser, y fue consecuente con ello a pesar de mí -recuerdo que el día de mi cumpleaños llegó a mi casa a las seis de la mañana y me regaló un hermoso y enorme espejo, con una carta que me hizo llorar. Héctor notó que yo me puse pálida.

- ¿Te molesta que esté aquí?- me dijo.

- No, no es eso. Es que todo esto…

Se me cortó la voz. Comencé a llorar. Fue la primera vez que lloré desde que supe que mi padre estaba muerto. Héctor no dijo nada, no hizo nada. Sólo me miró como si nunca antes me hubiera visto.

Al poco rato él se fue y quedamos solos mi mamá, mis hermanos y yo. Empezamos a acomodar cosas. Mi hermano encontró el despertador: uno de esos relojes que se venden en el metro, de diez pesos acaso. Se quedó mirándolo un momento, luego comenzó a hablar:

- Todavía el martes que fui estaba bien. Volteó a ver su relojito y me dijo “ya vete, se te va a hacer tarde”.

El reloj tenía pila y seguía andando. Mi hermano se recargó en el hombro de mi mamá y comenzó a llorar como un hombre. Lo había visto llorar como niño muchas veces, después de todo, somos hermanos; pero esa vez en su llanto estaban todos los años que ya no iban a volver, y entiendo que en sus sollozos estaban un dolor y un alivio difíciles de combinar.

El reloj cayó de su mano. Yo lo vi, en el piso, roto. Empecé a llorar también, no por mi hermano, no por el reloj, sino porque de pronto pensé: “a mí no me dijo nada”.

Aún sigo tratando de recordar qué fue lo último que me dijo mi padre. Dejé de verlo un año antes de su muerte. Yo atravesaba un periodo de muchos cambios, de hacerme independiente, de creer en todo lo que nunca había creído. Creo que la última vez que lo vi fue cuando mi mamá se rompió la muñeca y fue a la clínica donde la operaron a formar un escándalo. Quizá no recuerdo lo último que me dijo como un mecanismo para preservar mi salud mental.

Acá hablo todo el tiempo de mi familia. De cómo mi hermano es brillante y mi mamá es sabia y mi hermana es puro amor. Nueva Zelanda me dio una energía distinta y desde que regresé de allá bailo y canto todo el tiempo, y cuando me callo Sue me dice que siga cantando porque le gusta escucharme. Veo el concierto de Bangladesh y aplaudo, y canto, y grito, y le aviso a Sue que ya va a salir Bob Dylan otra vez. Sue se sienta a verlo, yo tomo el ukulele y empiezo a rascarlo y a sacarle algun sonido.  Are you having fun, mad mexican?- me dice Sue. I am, very much in deed- respondo, y me río. Sue me mira de repente y me dice: your parents must be very proud of you. You reckon?- le digo. – Yes, I do, responde ella. Yo finjo observar el ukulele y resisto las ganas de llorar. En el fondo, creo que mis padres nunca se detuvieron a pensar en eso, pero yo estoy orgullosa de haber sido su hija, de que mi papá me llevara al cine y luego me hiciera preguntas para ver si había entendido la película, de que me llamara “Niña Fonema”, de que me enseñara que el líder no es el que dice lo que hay que hacer sino el que lo hace primero. Me encanta que mi mamá me regañe por desperdiciar agua, por tirar basura, por gastar electricidad de manera irresponsable, me encanta que me pida que le lea poemas, me encanta que me diga las verdades a la cara aunque luego me tenga que ver llorar.

No recuerdo lo último que me dijo mi papá, pero con todo lo demás me basta.

Antibanda

Abril 28, 2009 at 12:00 am | In Uncategorized | 1 Comment

Sé que este no será el más feliz de tus cumples, pero mi deseo es que sea el único infeliz. Ahora que lo pienso el año pasado tampoco estuve contigo. Uno pierde mucho el tiempo porque cree que siempre va a estar, que todo siempre va a seguir igual. Y mira, resulta que ahora estoy lejos y diera lo que no tengo por darte un abrazo, Anti. Eso vine a aprender acá, que nadie es eterno, que nada es para siempre, que hay que disfrutar el momento, porque se acaba y ya no hay más. En fin, no se trata de amargarte el cumpleaños, sólo quería desearte lo mejor ahora que además de esposa eres mamá. Ya mero estoy de regreso y celebramos todo junto.

Te quiero aunque seas antibanda.

Volver

Abril 27, 2009 at 4:55 am | In Mente adentro | 3 Comments

“I cannot understand why you should wish to leave this beautiful country and go back to the dry, grey place you call Kansas.”

“That is because you have no brains,” answered the girl.[...]

The Scarecrow sighed.

“Of course I cannot understand it,” he said. “If your heads were stuffed with straw, like mine, you would probably all live in beautiful places, and then Kansas would have no people at all. It is fortunate for Kansas that you have brains.”

Frank Baum, The Wonderful Wizard of Oz

Hoy me llamaste. Te escuché triste y me dijiste que no era nada. En cambio, hablamos de los güeros que me veían feo por estar hablando en español, del mal del puerco y de los amigos en común. Sonabas triste de verdad y se me apachurró el corazón.

Recordé muchos momentos juntos: jugo de piña en la camioneta cuando me ayudaste a mudarme, los tamales veracruzanos en tu casa, Stranger than fiction, el día que no te avisé algo que debí haberte avisado, y cómo me dejaste de hablar unos días, y luego me invitaste a desayunar para decirme que estabas enojado, pero que ya había pasado, me dejaste en mi casa y me dijiste que me tapara bien porque hacía frío.

Durante la llamada me hiciste recordar las veces que he estado en tu casa, que he comido con toda tu familia. Me acordé también del día que me ayudaste a calificar y me preparaste la merienda, y luego me llevaste a casa a la una de la madrugada, y por la tarde me llamaste para saber si todo había resultado bien. Recordé que en tu Ipod hay una lista de canciones con mi nombre, en la que pusiste muchas de mis favoritas -que simplemente dedujiste o recordaste de nuestras pláticas-, que hiciste para escucharla cuando me subo a tu coche.

Hoy me sentí muy afortunada cuando me llamaste. Me sentí de verdad querida.

Una de mis alumnas va a escribir su monografía sobre Tokio Blues. Empezamos a hablar de por qué alguien deja de lado a una persona de carne y hueso por vivir a la sombra de algo completamente irreal. Uno se vuelve ciego, pensé, porque no importa qué tan abiertamente te rechace alguien (me vinieron a la mente varias frases, ya sin rencor de por medio, pero con cierto dolor todavía), y me dije: he de romper este ciclo, he de dejar de bailar con el que nunca ha querido bailar conmigo y que, además, me lo ha dicho:  no quiero que entres en mi vida, quiero que te mantengas lejos de mi familia y de mis amigos, quédate con John… Qué suerte que tienes cerebro, me diría el espantapájaros, y que quieres volver a un lugar tan gris como Kansas…

Pues no. Yo creo que no. Ahora quiero bailar con quien quiera bailar conmigo, con quien extienda su mano y pregunte si le concedo la pieza. Habrá alguno, sin duda. No quiero volver a un lugar gris, sino llegar a un lugar que tenga todos los colores.

Johnny B. Good

Abril 27, 2009 at 12:00 am | In Anecdotario, buscando a nemo | Leave a Comment

El otro día estaba viendo con John el Concierto de Bangladesh -creo que me he vuelto adicta a ese DVD-. Él es fan de Dylan, pero fan from hell, y dice que esa es una gran actuación del gran Bob. Yo nomás brinco y me emociono con las tonadas hippiosas de Harrison. Como él es tan serio y tan… australiano, a mí me divierte molestarlo. Empieza “Something” y yo canto: “you are asking me will, my love grow, I DUNNO, I DUNNO…” John me mira, sonríe y dice: “I’m glad an aussie didn’t write that song”.

John puede ser chido cuando agarra la onda.

Failure to launch / Down with love

Abril 26, 2009 at 7:03 pm | In Uncategorized | Leave a Comment

Como el Rufián siempre me regaña porque mis comentarios de películas siempre parecen de taller literario, voy a comentar dos películas simples, como una simple espectadora. Ahí va.

1) Failure to launch

Un tipo de 35 años sigue viviendo en casa de sus padres. ¿Y qué? Pues que no es en México, sino en Gringolandia, así que todo el mundo está preocupado porque consideran que está retardando su maduración o tal. Sus padres contratan a una mujer para que finja tener una relación amorosa con él, que le permita dar el último paso hacia su independencia. Tan bobo como suena, la película te hace reír un par de veces y hasta ahí. Lo más rescatable es el leitmotiv de los animalitos que muerden al fulano que, aunque practique yoga, vive en el completo desequilibrio emocional. Al final, cuando el tipo finalmente ha encontrado la armonía, los delfines ya no lo atacan sino que juegan con él. Una película palomera, para cuando están solos solos solos y es domingo y todo está cerrado y hay una epidemia del mal del puerco y no hay otra cosa que ver.

2) Down with love

Confieso que ver esta película me emocionaba desde el principio porque la protagoniza Ewan “Soy Perfecto” McGregor. Ambientada en los 60, nos presenta a este galanazo en un papel entre James Bond y el Santo -no el enmascarado, el otro-, pero en escritor. Yummy, como se dice por acá. Además, visualmente la película es muy llamativa y la parodia que se hace de los lugares comunes de las películas de aquella época es bastante lograda y disfrutable. Me estaba riendo yo muy a gusto… hasta que la película se volvió idiota. Así: I – DIO – TA. Todo sucede porque, en una evidente imitación de los finales epifánicos tradicionales, Renee Zellweger comienza un monólogo en el que descubre su verdadera identidad y su plan macabro. Hasta ahí todo bien: su explicación es inverosímil, pero uno lo toma simplemente como un recurso humorístico. La cosa es que el monólogo se hace eterno y enredado, y la trama se retuerce de manera poco aceptable, y al final resulta que no será el desenlace clásico, pero sí, pero no… Y todo el color, la dirección, la coreografía, las actuaciones, Ewan “Papacito” McGregor… TODO se desperdicia. Chale. Ésta la pueden ver y llegar hasta la escena en la que los protagonistas van a consolidar su amor (cof, cof) y ahí la quitan. Ahórrense el coraje.

(Extraño mis películas. Ya vi todas las de Sue, y el Concierto de Bangladesh como veinte veces. Alguien en México está felizmente equipado para la epidemia.)

Terapia de pareja

Abril 26, 2009 at 12:00 am | In Mente adentro | 1 Comment

Nunca he entendido que dos personas que dicen amarse esperen que otro les ayude a salvar su relación. En realidad, creo que lo que sucede en terapia de pareja es que el psicólogo se vuelve un pretexto para decir la verdad. Eso podría evitarse diciendo la verdad desde el principio, claro está, pero uno siempre tiene alguna razón para desviarla. Uno rara vez pide lo que realmente quiere, ya sea porque cree que no lo obtendrá, porque considera que sus peticiones son tontas o por miedo a mostrarse vulnerable -pues pedir es necesitar algo que uno no tiene-.

De todas formas, cuando ya no hay amor, no hay terapia que valga. Y cuando hay amor, uno puede sobrevivir a todo. Incluso a la terapia.

Llevo un tiempo pensando en que, si nadie lo ha hecho todavía, alguien debería hacerlo: escribir un libro de autoayuda para las parejas, basado en el matrimonio de Homero y Marge Simpson (he visto cosas más descabelladas, como consejos de liderazgo basados en el método que siguió Jesucristo para predicar). Mi idea no es tan absurda realmente: Homero y Marge han pasado por cualquier cantidad de crisis, se han dicho casi todo lo que uno se puede decir en esta vida (incluyendo: “ya no sé si te amo”) y aún así han logrado seguir juntos. ¿Por qué? Yo creo que en primer lugar porque tienen muy claro lo que les gusta del otro, saben bien de qué pie cojean y valoran lo que tienen juntos (por eso se perdonan con mucha facilidad). 

Quizá esto que digo es una tontería, pero la vida no es tan complicada después de todo. ¿Por qué llegar a los extremos? O, como me dicen últimamente en mis sueños, ¿para qué discutir si lo podemos arreglar a golpes? (No me acuerdo en qué signo sale eso: junto al río no se necesita discutir si el agua moja, simplemente se comprueba, ¿alguien sabe?).

Y todo esto viene a cuento porque hoy hablé con el Muñe. Este post yo creo que nomás lo van a entender Anti, él y Carolina. Je.

(Dejé de escribir una semana y me oxidé. Tengan paciencia.)

De pretendientes

Abril 26, 2009 at 12:00 am | In Anecdotario, Esto no pasa, Ver, oír y postear, buscando a nemo | 1 Comment

- … y entonces me dijo: “quédate con John”.

- ¿Y por qué con John si acá hay varios formados?

- Pos no sé, ese fue el que le gustó.

- Y por cierto, ¿qué onda con Fulanito? ¿Y con Menganito? Híjole, de verdad no sé qué tiene Australia, ¿no?

- Yo sí sé qué tiene: que está re lejos, y de lejos todos nos vemos más bonitos. Acuérdate que no es lo mismo verla pasar que platicar con ella.

(Creo que estoy en la etapa del post críptico).

Influenza

Abril 25, 2009 at 2:31 am | In Esto no pasa, Ver, oír y postear, Yo opino... | 5 Comments

No tengo información de primera mano: mis fuentes se limitan al feisbuc y los blogs de mis amigos, pero mi teoría es la siguiente:

Teoría #1

No hay conspiración, no es estrategia política. es que de verdad se les soltó un bicho en algún lado y, como el sistema de salud pública hace mucho que las dio, por eso se soltó la neurosis -rayando en la psicosis. No es que nos “quieran” asustar, es que a lo mejor de veritas están asustados. Digo, los panistas nunca se han distinguido por saber manejar las situaciones… Ni los panistas, ni los priístas, ni los perredistas. En fin.

Teoría # 2

Ahí viene el madracísimo monetario. Ya ha habido madracitos, pero el que viene es el papá de los madrazos. Yo estoy acá viviendo de viáticos y, en menos de un mes, el encarecimiento se ha hecho evidente. En Australia te lo escriben en letreros: “subió el precio del hielo y por eso ahora es más caro el helado”, por poner un ejemplo estúpido. No descarto la cortina de humo que, dicho sea de paso, quedaría bonita, porque la mentalidad mexicana da para frases del tipo: “bueno, sí, subió el dólar, pero al menos sobrevivimos al mal del puerco”. La verdad es que esta teoría no me parece tan sustentable porque en Estados Unidos también hay medidas de emergencia contra la epidemia.

Teoría #3

Ya le caímos gordos a Dios y decidió jalarle al retrete. Habrá que esperar siete días para ver Earth 5.0 o algo así.

Teoría #4

Todos los niños del mundo rezaron por un día sin clases. (Esta es de Invierno Funk, pero es bonita y la quise poner.)

Teoría #5

Siguiendo la filosofía de Homero Simpson: son sólo cosas que pasan.

Language barrier

Abril 25, 2009 at 12:00 am | In Anecdotario, buscando a nemo | Leave a Comment

Ayer le avisé a John que ya regresé. La próxima semana tomaremos café y saldremos a caminar en otra not-a-date. En el momento me dio gusto volver a hablar con él, pero de pronto empezaron de nuevo los problemas. Esta vez se lo dije:

- ¿Sabes? A veces siento que eres un poco … agresivo.

- ¿En serio? ¿Física o mentalmente?

- Verbalmente.

- Oh. Lo que sucede es que tenemos una barrera de lenguaje.

Yo no lo había pensado hasta ese momento, pero es cierto. Ni siquiera tiene que ver con el nivel de inglés que uno tenga, es difícil traducir la forma de ver el mundo que nos inculca el español a la estructura de pensamiento de los anglos. Además, en nuestra lengua materna podemos matizar adecuadamente lo que queremos decir; en una segunda lengua rara vez lo logramos. John dice, por ejemplo, que le resulta molesto el abuso de la palabra “hate”, la cual le parece más mala que “fuck”. En fin.

Ahora John y yo buscamos ser neutrales en nuestra comunicación, pero eso ha hecho que las conversaciones sean un poco insulsas, por el temor a agredir. En un momento pensé en decirle: “¿sabes qué? Realmente no se me antoja tanto el café.

Babaluuuuuú

Abril 24, 2009 at 8:27 pm | In Uncategorized | Leave a Comment

“Yo quiere pedir

que mi negro me quiera

que tenga dinero

y que no se muera”

(Celia Cruz, “Babalú”)

 

Desde que estoy acá tengo unos sueños muy raros. Pero ayer soñé que mi papá y yo estábamos en la sala de casa de Sue viendo las noticias del canal Ten, porque Obama iba a una Cumbre en algún lugar, con su señora esposa. Iba caminando a la entrada de un edificio y de pronto, así nomás, le daba un infarto y se moría. Entonces mi papá me decía: ven, tenemos que ir al funeral. Y entonces íbamos, y yo veía a Obama en su estuche, definitivamente muerto.

Como me suele pasar que le atino a esas cosas, prendan 17 velas, porque ese negro ha de traer cualquier cantidad de brujería arriba de sí.

Happy Birthday, Mr. President!

Abril 24, 2009 at 12:00 am | In Uncategorized | 2 Comments

Yo tengo dos presidentes y ninguno de ellos es Felipe Calderón. Uno de ellos, Su Majestad el Mongo, cumple años hoy. Sólo quería manifestar que lo quiero, lo respeto y lo extraño -aunque parezca mentira-.

Feliz Cumpleaños, Señor Presidente. Todo lo bueno para que lo pueda disfrutar y compartir con los amigos que lo queremos.

 

P.D.: ¿Ya se fue Marylin? ¿Ya está mi casa?

De regresos apócrifos y milagros

Abril 23, 2009 at 5:13 pm | In Anecdotario, Esto no pasa, Mente adentro, buscando a nemo | 5 Comments

1)

He tenido novios músicos y un par de detalles egresados de Letras, pero las cartas de amor más lindas que he recibido me las escribieron dos ingenieros -y los dos del Unitec, por cierto-. Las primeras me las hizo el Inge, hace como siete años; una la tradujo al portugués y tenía una cachondería digna de recordarse. La otra la estaba escribiendo en clase y su profe lo cachó, y todavía en la carta me puso “luego te escribo porque el profe leyó mi carta delante de todos y ahora soy la burla”. ¿Te acuerdas Inge?

Las otras cartas las he estado recibiendo desde hace un tiempo, con harinas y sin ellas, con destinatario o sin él, por mail o por blog. Reconozco que muchas veces me salvaron el corazón del destierro, y por eso las agradezco mucho, pero mucho más.

En uno de esos correos, el otro ingeniero decía que había soñado que yo regresaba a México en canguro y sin avisar. Me conmovió mucho y por eso se me ocurrió publicarlo en Feisbuc. Hasta ahí la aclaración del regreso apócrifo -como si necesitaras pretextos para tus desfiguros, Rufián-.

2)

Anoche durante la cena me puse chipil. Después de dos semanas de reír, comer sabroso y hablar en español, estaba otra vez en la sala negra, cenando pollo del woolworth’s y viendo “Home and Away”. Le dije a Sue que extrañaba a los kiddies. ¿Cómo?- dijo ella- ¡acabas de pasar con ellos dos semanas! – Pues por eso, le dije.

Entonces comenzamos una plática sobre cómo en Australia los maestros y los alumnos se odian mutuamente. En México no, le dije, y comencé a contarle las historias de mi grupo de prepa popular, de mi alumnita de portugués que me regalaba muñequitos, de las Bananas, que me llenaron el escritorio de dulces y me dijeron que no habían sido ellas sino el monito secreto, de cómo todos consolaron a Montse cuando perdió el pasaporte, de cómo el último día de cada semestre me despido de ellos y lloramos y nos abrazamos y de cómo el primer día del siguiente semestre siempre hay un intenso reincidente, que se vuelve a inscribir conmigo porque no le bastaron los primeros cuatro parciales.

- Ah, pero eso sólo te pasa a ti, ¿no?

-No, todos los maestros en México tenemos historias de esas. Al menos todos los que yo conozco.

- Oh…

- Lo que pasa es que la gente acá en Australia es un poco… fría… Como que no les gusta crear lazos.

Sue se quedó pensando. Y de pronto dijo: sí, tienes razón.

Veinte minutos después llegó Jimmy, un amigo de Sue, que es de Nueva Zelanda. Me preguntó que cuándo me iba, dijo que debíamos hacer una fiesta de despedida y me dijo que antes de que me fuera me iba a regalar un didjeridoo y me iba a enseñar a tocarlo. Sue se nos quedó mirando raro, todavía pensando en la sangre fría que corre por las venas de cada aussie pie. Yo conversaba con Jimmy desde la escalera, pues estaba a punto de subir a mi cuarto.  Dije “buenas noches” y estaba a punto de dar la vuelta cuando, de repente, ocurrió algo completamente inesperado: Sue se acercó rápidamente hacia mí y me abrazó. Sólo dijo: it’s good to have you home. Yo le di un beso en la mejilla y le dije gracias. Entonces me di la vuelta.

Me pasé un buen rato pensando en eso, en que quizá hay personas que quisieran expresar cariño, pero no pueden o no saben cómo.

Caray.

Ese torpe abrazo fue de verdad un prodigio: me partió el corazón y la cabeza y todo el viaje.

Lo que sí me queda claro es que ahora que vuelva a México voy a abrazar a toda la gente que pueda -incluidos mis beítos, que siempre me querían abrazar y yo no los dejaba-.

En fin. Qué raro es todo últimamente.

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