Estoy en el Starbucks del aeropuerto de Narita. Ya documente mis maletas y compre mi respectivo tumbler de esta ciudad. Solo pase unas horas en Japon pero fueron maravillosas. Ya les hablare del templo y la pagoda y los jardines y la gente amable y todo lo demas. La cosa es que dentro de dos horas mi avion despegara y quince horas despues estare llegando a Mexico.
El viaje ha sido un prodigio. Llegue a Oz y llore porque extranaba mi casa, pero aprendi que nunca necesite realmente al mago, pues solo necesitaba voluntad para vencer a la bruja y volver a casa. Ahora todo vuelve a ser promesa, hay proyectos que se anuncian y besos que se prometen y abrazos largamente cocinados y amistades que empiezan y se renuevan. Cinco meses son ahora apenas horas, y yo, la que yo era, se quedo lejos: en el avion que la trajo al fin del mundo, tal vez.
(Ejem, ya son nada mas unas horas, asi que yo que ustedes iba a alistando esas chelas. Y mis cheetos moraditos, porfa. Ji.)




Lo que me ilusiona más de verme en 10 años no es el viaje a Autralia, sino que conoceré Starbucks de al menos 3 países diferentes… ¡ohh sí! Un saludo nora!