Una vez un hombre muy sabio me dio una valiosa lección. Como yo era una niña curiosa y ávida de alcanzar lo que otros sabían, me preguntó cuál creía yo que era el grado más importante. Yo respondí, claro, que el 33. Me dijo que estaba en un error, pues el grado más importante era el primero. Yo no lo entendía pero él me lo explicó: en el principio se encuentra el sentido del todo.
Por eso hoy te ofrezco mi mano y te propongo que construyamos un buen principio. Si comenzamos bien lo demás será fácil. Y si no, no te preocupes, cada día habrá un mañana y siempre podemos volver a empezar.



