El otro día escuchaba música mientras calificaba y elegí desempolvar un viejo disco: O espirito da paz, de Madredeus. Creo que nunca me había sentido tan identificada con ese álbum como en este momento de mi vida: tiene hermosos matices, momentos de reflexión pero también de admiración ante la belleza. Nunca lo había pensado, pero es un disco sobre la soledad, pero no la que duele, sino la que se respira frente a la inmensidad. Quizá por eso me viene bien ahora. Escuché “Vem” y, a pesar de ser una de las canciones que más he cantado en mi vida, me pareció que la entendía distinto: “soy como tú, del mismo amor, del mismo amar, por eso ven, porque te quiero consolar, si no, está bien, déjate andar a navegar”. Creo que a pese al tono ligeramente sombrío de los acordes de la canción, en ella se percibe libertad, y eso me inspiró mucho.
Ah, redescubrir. Renacer. Reconocerse. Es una gran vida, después de todo.



